OBITUARIO

Miguel Márquez in memoriam

 



 

 

El 3 de febrero de 2014 falleció en la Habana a la edad de 79 años, el Miembro de Honor de la Academia de Ciencias de Cuba, Dr. Miguel Márquez.

Nació en Ecuador, el 23 de marzo de 1934, en la ciudad andina de Cuenca, donde vivió su infancia y adolescencia. Creció desde su graduación en la Universidad de su ciudad natal, en la que se doctoró en Medicina y Cirugía, para hacer luego estudios de Master en Anatomía Patológica en la Universidad de Antioquía, hasta especializarse en posgrados en dos temas que eran las vanguardias de la medicina de aquel momento: la microscopia electrónica y la biología molecular, estos últimos en la Universidad del Valle, en Colombia, estudios concluidos en 1964, hace ya medio siglo.

Su formación básica lo llevaría, desde su incorporación a la OPS en 1970, a transitar por el camino de la gestión salubrista, iniciada desde la promoción y la administración de salud, hasta llegar por la vía de los principios de la salud para todos, a trabajar por una concepción de la medicina social, en una visión holística y abarcadora, que pretendía tornarla elemento indispensable de la construcción de los objetivos de desarrollo sostenible que animaban su aspiración de futuro para los países de nuestra América, la patria grande de la que se hizo ciudadano por el ejercicio permanente de transitarla a pie, en carreta, a lomo de bestias, o en camionetas, de un país a otro, de una ciudad a otra, de una localidad a otra y sin parar de hablar con todos aquellos a quienes convertía en alumnos, colegas o profesores de su visión. Desde los corredores y salones de la Oficina Panamericana de la Salud en Washington, organización en la que realizó diversas labores de 1970 a 1996, hasta los más apartados rincones de la Nicaragua sandinista, sus paisajes andinos de la niñez, o cualquier espacio de la selva, vueltos a caminar conversando con todos aquellos a los que hablaba con la mirada entrecerrada de sus ojos penetrantes, que siempre eran la puerta en la que uno se sentía sujeto a la evaluación y al examen; o a la complicidad y el debate, intentando diseñar cómo y de qué manera era posible elaborar mejores opciones de aplicación de los conocimientos construidos en tantas otras partes, a las complejas realidades de nuestros países.

Profesor de sólida formación básica, era también maestro en la manera de salirse de los claustros e irse a la base a construir conocimiento desde todos los espacios. Los campos y municipios cubanos lo vieron haciendo acciones de desarrollo local. Desde su trabajo con el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, la Universidad de la Habana, la Oficina del Historiador de la Ciudad y la Academia de Ciencias de Cuba, construyó un colectivo de colaboradores en torno al Programa UNIVERSITAS, del PNUD, después de convencer a colegas y funcionarios de que en uno de los países más equitativos del mundo, aún existían diferencias de desarrollo que era imprescindible comprender y atender para lograr evaluar correctamente el índice de desarrollo humano y los objetivos mayores de equidad, basados en la correcta identificación de las situaciones económicas y sociales y la necesidad de cambiarlas por la vía de la aplicación del conocimiento.

Fue electo Miembro de Honor de la Academia de Ciencias de Cuba por su calidad como científico y por su contribución a las investigaciones en nuestro país en todos esos ámbitos disciplinarios. Desde su labor en calidad de redactor de los informes de desarrollo humano, o como conferencista destacado de diversas ediciones de los eventos de Globalización y Desarrollo, (lo que lo condujo a que fuera electo Miembro de Honor de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba), hasta su trabajo en la constitución y promoción de los cursos de la Cátedra de Desarrollo Humano de la Universidad de la Habana, o sus diversos diplomados en torno a la cooperación internacional, o a los aspectos del desarrollo social en los centros históricos, todos ellos con varias ediciones en las que además de diseñar el programa del curso y convencer e invitar al claustro profesoral, gestionó sus auspicios por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, del que fue consultor desde 1998 hasta el 2011.

Gestionó con el Club de los Rotarios la contribución en cantidades suficientes de los suministros imprescindibles para ingentes programas de vacunación masiva a nuestros hijos. Con su esposa Libia Victoria Cerezo, Maestra en Ciencias y enfermera intensivista, impulsó los programas de Hospitales Amigos de la Madre y el Niño, que procuran propiciar desde el parto natural, hasta la promoción de la lactancia materna, o la aplicación del método de la madre canguro para los casos de niños nacidos prematuros.

Cuando en Cuba se desataron epidemias de una u otra índole, hizo las gestiones necesarias para recibir a los mejores especialistas de cualquier parte del mundo, pero igualmente insistió en la presencia en todos los grupos de trabajo de los principales científicos cubanos con quienes fue construyendo una extensa red de amigos y colegas. Fue un admirador y seguidor de los principios revolucionarios de Fidel, con quien intercambió y debatió en múltiples ocasiones sobre el enfrentamiento a muy diversos retos de salud, y en torno a la construcción de objetivos continentales en ese campo del conocimiento, pidiéndole siempre nuevas tareas para continuar trabajando para Cuba y América.

Fundó la Cátedra Che Guevara en la Universidad de Cuenca, su Alma Mater, y hasta ella llevó el canto de la trova y las conferencias de los científicos cubanos, y construyó puentes de cooperación internacional entre profesionales de casi todos los países americanos en disciplinas que iban desde la economía y la sociología, hasta las más diferentes especialidades de la medicina y la salud pública. Poseía una impresionante biblioteca, muy manoseada y anotada, y comenzar un debate con él sobre cualquier tema era poder estar en peligro de invertir horas, a veces días, hasta lograr sellar la partida, apenas para comprobar que aquella tregua tendría seguramente que romperse en el momento más inesperado porque él regresaba, volvía desde aquel punto original de partida, con la plena seguridad de su mejor criterio, aunque casi siempre también asumiendo las mejores ideas intercambiadas con los demás. Igual, siempre construyendo el consenso.

Al morir ostentaba los títulos de Decano Honorario de las Universidades de Cuenca, en el Ecuador y de León, en Nicaragua, así como la condición de Profesor de Mérito de la Universidad de Ciencias Médicas de la Habana y la de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, título que le fue conferido en 2012. Fue condecorado con la orden "Carlos J. Finlay"que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba en 1996, así como la de Héroe de la Salud de la República del Ecuador, en 2002. Caracterizó su vida la entrega permanente a la enseñanza y dejó plasmados sus conocimientos en un conjunto de obras que servirán de consulta obligada a las presentes y futuras generaciones. Miguel Márquez fue un revolucionario convencido y consecuente toda su vida. Son ampliamente reconocidos, tanto sus aportes a la Salud Pública cubana y continental, como sus esfuerzos porque la promoción de salud jugara un papel decisivo en el desarrollo de los movimientos progresistas de nuestro continente.

Uno de los días finales de su vida, hasta su lecho de enfermo llego con las manos agradecidas a compartir un momento de paz y reflexión el Presidente Correa, a quien asesoró directa e indirectamente por varios años. Ese momento de reconocimiento amistoso fue la medalla final que recibió antes de morir.

Dejó ocho hijos de dos matrimonios. Los dos últimos son cubanos de nacimiento. El primer varón, Patricio, nacido en el Ecuador, siguió sus pasos como experto internacional y trabaja actualmente en el África como alto funcionario del Banco Mundial; el varón menor, Camilo, cubano de nacimiento y formación, graduado de la Escuela Lenin y de la Universidad de la Habana, es actualmente alto funcionario en el Ministerio del Interior del gobierno de Alianza País, en la tierra donde nació su padre Miguel: en el Ecuador.

Al día siguiente de su fallecimiento llegaron a su casa los volúmenes impresos de su penúltimo libro: una antología titulada ¨Escenarios Epistémicos en la Formación del Espíritu Científico en Salud. Los volúmenes de su último libro publicado: "Encuentros con nosotros", su autobiografía, aún están en imprenta.

En cumplimiento de su voluntad, su cadáver fue cremado y sus cenizas fueron esparcidas por su esposa e hijos en el jardín familiar que él sembró con las mismas manos de hacer Revolución, de dar clases, de escribir libros y de construir un futuro mejor para nuestros pueblos.

 

SERGIO JORGE PASTRANA
Académico Titular. Academia de Ciencias de Cuba

Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas La Habana - La Habana - Cuba
E-mail: ecimed@infomed.sld.cu