El asma en niños de áreas urbanas

 

 

El asma afecta a casi l5 millones de personas (5% de la población) en los Estados Unidos de América. De 1982 a 1992, la prevalencia de la enfermedad aumentó en 42% y su tasa anual de mortalidad en 40%. A ese respecto y en ocasión de la primera Conferencia de Investigación sobre Salud Ambiental en Niños que recientemente tuvo lugar en Washington, DC, un profesor de medicina de la Universidad de Washington, Missouri, precisó que, entre los niños, 80% de las muertes por asma ocurren en residentes de centros urbanos. Añadió que, por definición, el asma es un problema urbano ocasionado por la mala calidad del aire que se respira en esos ambientes, lo cual está fundamentado, entre otros, por un estudio en Chicago que abarcó 5 años: en ese período, 83 de las muertes por asma correspondieron a niños del área urbana y solo 19 a los de municipalidades periféricas.

Ante tales pruebas, es comprensible que en 1991 los Institutos Nacionales de Salud iniciaran la primera fase de un estudio en una población de 1 528 niños asmáticos de 4 a 11 años de edad. La investigación, que incluyó ocho centros urbanos de los Estados Unidos, tenía como objetivo identificar los factores responsables de las crecientes tasas de morbilidad y mortalidad relacionadas con el asma. Setenta y tres por ciento de los niños eran afroamericanos, 20% latinos, y 7% blancos. El seguimiento estuvo representado por entrevistas a los 3, 6 y 9 meses de establecidos los lineamientos del estudio. Cuando se midieron las concentraciones de alérgenos en los domicilios, se encontró que varios eran factores de riesgo. El primero estuvo representado por el alérgeno de las cucarachas, presente en 60% de los ámbitos evaluados. Fueron también relevantes los asociados con el humo de tabaco producido por el responsable primario de la atención del niño y con el dióxido de nitrógeno generado por cocinas y estufas inadecuadas (si bien el dióxido de nitrógeno no es irritante en sí, cuando se combina con otros agentes contaminantes ejerce efectos nocivos sobre el árbol respiratorio). La frecuencia de hospitalizaciones, consultas a servicios hospitalarios y pruebas cutáneas positivas en los niños asmáticos estuvo directamente relacionada con las concentraciones de inmunoalérgenos, la edad y la raza, pero no con el sexo. Tuvo un apreciable efecto la presencia o ausencia de un apoyo social, entendiéndose por tal a un familiar o amigo que ayudara al niño durante el acceso asmático.

De la primera fase del estudio pudo concluirse que la constelación de los diferentes factores desencadenantes variaba considerablemente entre los diferentes niños. Se imponía por tanto una segunda etapa en que la evaluación fuera individual. Para esta fase, más de 1 000 niños fueron elegidos aleatoriamente para su distribución en un grupo control y en un grupo de intervención. Con este último la clínica mantenía comunicación personal y telefónica, a fin de descubrir en cada caso el factor que había provocado el acceso. El objetivo se cumplió en 80% de los niños y ello permitió reducir en 30% de los casos los principales síntomas y obtener 2 semanas adicionales libres de asma por niño y por año. Es alentador que esos resultados se hayan alcanzado aun en las más adversas condiciones socioeconómicas, gracias a que los niños y sus cuidadores primarios recibieron el asesoramiento y la atención adecuados.

Ante la evidente correlación del asma con la densidad poblacional propia de un centro urbano, cualquier esfuerzo para mitigar su impacto debe concentrarse en ese ámbito. A ese fin, los resultados del estudio emprendido son extremadamente útiles, ya que indican que toda comunidad o institución, sea una universidad, un centro de salud local o una clínica, puede establecer lineamientos propios para asesorar mejor al niño asmático y a quienes lo rodean. Los gastos implicados por tipo de programa han de ser ampliamente compensados a largo término, ya que es evidente que la identificación de los factores de riesgo, encaminada a prevenir la exposición a los mismos, conduce a una menor frecuencia de accesos asmáticos y con ello a una reducción de las consultas a servicios médicos y de las hospitalizaciones. También permite que el niño tenga una mejor calidad de vida y un desenvolvimiento social más adecuado. (Marwick C. Helping city children control asthma. JAMA 1997; 277:1503-1515).

Organización Panamericana de la Salud Washington - Washington - United States
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