Acerca de la propuesta de utilizar la marihuana con fines medicinales

 

 

Hace ya centenares de años que se recurre a la marihuana, sea como droga intoxicante o bien como remedio a base de hierbas. El delta-9-tetrahidrocanabinol (THC) puro, principal ingrediente activo de la marihuana y uno de sus 66 constituyentes, puede ahora prescribirse en los Estados Unidos de América por indicación médica bajo la denominación de dronabinol. En cambio, el empleo de la marihuana en su forma natural, es decir, la hierba integrada por alrededor de 480 sustancias, no ha sido legalmente aprobado. De la revisión efectuada por Voth, et al. de la literatura médica sobre el empleo terapéutico del THC puro y de la marihuana, la mayor parte se concentró en el uso oral del THC. Hasta ahora, los resultados más promisorios parecen relacionarse con su acción contra las náuseas provocadas por la quimioterapia anticancerosa y con su efecto estimulador del apetito. En cuanto a su utilidad como tratamiento contra ese tipo de náuseas, parecen requerirse dosis orales de 5 a l5 mg/m2 antes de la quimioterapia y durante su curso, repitiéndolas cada 3 a 6 h durante 24 h; como estimulador del apetito, su indicación está justificada en las etapas finales del sida y en los casos de anorexia por cáncer avanzado. Si bien el TCH reduce la presión intraocular, su empleo en casos de glaucoma se ha asociado con efectos secundarios. A ese respecto, se ha comprobado que el efecto tóxico o nocivo del THC depende de la vía de administración, de la duración del tratamiento, de la edad del paciente y de su condición inmunológica.

Se sabe que, en comparación con el tabaquismo, fumar marihuana en forma de hierba induce concentraciones mucho mayores del procarcinógeno benzo-alfa-pireno, de carboxihemoglobina y de alquitrán, lo que desaconseja su uso en pacientes cancerosos y con sida, que ya están sujetos a frecuentes complicaciones respiratorias. Por otra parte, numerosas infecciones bacterianas y micóticas se han observado en fumadores de marihuana, por lo que su empleo por individuos inmunosuprimidos está contraindicado. En noviembre de 1996, se planteó en Arizona y California la posibilidad de que la marihuana natural fuera accesible con prescripción médica. Si bien un dictamen judicial sugirió la viabilidad de la propuesta en el caso de naúseas por quimioterapia anticancerosa, posteriormente una corte de apelaciones denegó la solicitud porque no había pruebas científicas rigurosas que demostraran que la marihuana podía considerarse un medicamento.

En la actualidad, hay fundamentación válida solo para apoyar el empleo del THC puro en caso de naúseas por quimioterapia anticancerosa y admitir su uso en menores dosis para estimular el apetito en enfermos terminales de sida. En cuanto al futuro, es concebible que puedan elaborarse canabinoides sintéticos de mínima toxicidad y de máximo efecto terapéutico; por ende, corresponde alentar ese tipo de investigaciones. En general, es evidente que la eficacia ya demostrada del THC puro, tanto por la más utilizada vía oral como por otras evaluadas más recientemente (supositorios rectales o inhalación nasal), está descartando la discutible propuesta de incluir el consumo de cigarrillos de marihuana natural entre las prácticas terapéuticas legalizadas. (Voth EA, Schwartz RH. Medicinal applications of delta-9-tetrahidrocannabinol and marijuana. Ann Int Med 1997;126:791-798).

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