Regulación de la ovulación con feromonas humanas

 

 

Las feromonas son sustancias liberadas en el ambiente por cada individuo y percibidas mediante el olfato por otros individuos de la misma especie, en quienes los componentes químicos provocan un cambio físico o de comportamiento. Hasta hace poco no se había comprobado que existieran feromonas humanas, es decir, compuestos que regulan ciertos mecanismos neuroendocrinos sin ser conscientemente detectados como olores. Los primeros indicios de su existencia se derivaron de haberse ponderado el fenómeno de la sincronización del ciclo menstrual en grupos de mujeres que viven juntas. En las ratas ocurre una sincronía ovárica similar en la que intervienen dos feromonas diferentes. Una, que se produce antes de la ovulación, acorta el ciclo ovárico; la segunda, que se produce durante la ovulación, alarga el ciclo. Estas feromonas fueron predichas por un modelo de oscilador acoplado de sincronía ovárica. Por simulación computadorizada se demostró que las feromonas no solo eran capaces de producir sincronía, sino también otros efectos observables de asincronía y estabilización cíclica. Aplicando el mismo modelo a los seres humanos, puede mostrarse un mecanismo feromonal potencial de sincronía menstrual y otras formas de regulación social de la ovulación.

En un estudio de 29 mujeres de 20 a 35 años de edad, se recogieron compuestos de las axilas de nueve de ellas en diferentes fases hormonales del ciclo menstrual, se mezclaron con alcohol y se aplicaron a las 20 restantes debajo de la nariz. Ninguna de las participantes estaba al tanto de la hipótesis a prueba ni del origen de los compuestos, pues pensaban que el estudio pretendía buscar formas no invasoras de detectar la ovulación. Todas dijeron que los compuestos olían a alcohol y nada más. Las donantes proporcionaron todas las noches muestras de orina, que se examinaban para detectar la hormona luteinizante que desencadena la ovulación y junto con otros datos sobre las secreciones vaginales, la menstruación, la temperatura basal de cuerpo y el aumento de la glucurónida de progesterona en la fase lútea postovulatoria, permitían distinguir los compuestos axilares de la fase folicular de los de la fase ovulatoria. Los compuestos se aplicaron a diario, por no saberse en qué momento del ciclo menstrual las mujeres son más sensibles a las feromonas. En las ratas, ello ocurre a mitad del ciclo (cuando ovulan), período en el cual las mujeres son especialmente sensibles a ciertos estímulos olfatorios.

Las destinatarias tuvieron ciclos de 1 a 14 días más cortos después de recibir los compuestos axilares producidos en la fase folicular del ciclo menstrual de las donantes y ciclos de 1 a 12 días más largos cuando recibían compuestos ovulatorios, que representan efectos opuestos. Esas respuestas se manifestaron al primer ciclo de exposición aunque se variara la secuencia de presentación de los compuestos. Las reacciones descritas indican que los compuestos contenían feromonas y que se trataba de dos clases distintas como en las ratas. La exposición a los compuestos axilares solo alteró la fase folicular, lo cual sugiere que las feromonas dependen de los ovarios y tienen efectos opuestos en la ovulación porque cambian de forma diferencial el ritmo de maduración folicular o umbral hormonal que desencadena el aumento de hormona luteneizante. Es así como se produce la sincronía, la asincronía o la estabilización del ciclo menstrual en un grupo social.

Es posible que, como en el caso de otras especies, las feromonas humanas se produzcan en las glándulas apocrinas (activas solamente en el período de madurez sexual), en las ecrinas (que producen sudor, el cual contiene compuestos que se encuentran también en la saliva y la orina), en las células epiteliales o por acción bacteriana. Los compuestos se tomaron de las axilas porque tienen las cuatro fuentes potenciales de feromonas y también porque en dos intentos anteriores de estudiar el tema se usaron compuestos axilares. No se sabe si las feromonas de los seres humanos tienen tantas consecuencias como en los animales y pueden afectar, como en las ratas, la edad de la pubertad, los intervalos intergenésicos, la edad de la menopausia y la concentración crónica de estrógeno durante la vida de una mujer. En otras especies hay tipos de feromonas que no dependen de la función ovárica y determinan la preferencia de los hámsters en el apareamiento sexual, las relaciones de dominancia entre los elefantes machos en celo y muchos otros aspectos de la interacción social en mamíferos. (Stern K, McClintock MK. Regulation of ovulation by human pheromones. Nature 1998;392:177­179.) 

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