RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

El recreo de la infancia. Argumentos para otros comienzos

Autor: Eduardo S. Bustelo.
Buenos Aires: Siglo veintiuno editores; 2007. 200 páginas.

José Luis Jofré1

1Licenciado en Sociología, Universidad Nacional de Cuyo. Doctorando de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Jefe de Trabajos Prácticos, Cátedra Sociología del Conocimiento, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Cuyo. Becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas 2005/2009. elpoetadelazurda@hotmail.com

Situar en el centro de la escena las relaciones sociales de dominación y subordinación para conocer los dispositivos de poder que moldean la infancia, es algo más que un desafío en el campo de las ciencias sociales. Exige elementos de rigor teórico y metodológico como los que presenta la aproximación crítica de Eduardo Bustelo.

La obra, incluida en la colección dirigida por Emilio Tenti Fanfani, se estructura en torno a cuatro ejes cardinales, cada uno de los cuales constituye un capítulo ineluctable. Comienza presentando un retrato crudo del contexto material de la infancia en el mundo contemporáneo, para continuar con el desmontaje analítico de la industria cultural y su aptitud para la manipulación de la subjetividad infantil. Luego procede a reflejar la situación actual de los derechos del niño en un doble plano, el de la letra y el de la práctica. Finalmente, bosqueja los primeros trazos elementales orientados a elaborar una teoría de la infancia como categoría histórico- política.

El autor toma distancia de marcos teóricos convencionales, y partiendo de la concepción foucaultiana de biopolítica concibe a la infancia como el resultado de la puesta en práctica de una pluralidad de dispositivos de poder orientados a la reproducción de relaciones sociales de dominación-subordinación.

En esta primera parte, Bustelo encuentra en los atributos simbólicos de las figuras del niño sacer, el zoé y el bios expresiones brillantes para describir tres dispositivos de la biopolítica de la infancia, a los que recurre en toda la obra.

En la alegoría al niño sacer, el autor encuentra el mejor símbolo para reflejar el carácter manifiestamente sagrado de la infancia, y a pesar de ello, la susceptibilidad de ser eliminado impunemente. Del mismo modo, la metáfora del zoé le sirve para representar de forma mutilada de vida de millones de niños, reducida a los elementos mínimos de supervivencia. Sólo respecto al bios actúan los dispositivos de internalización individual de la materialidad del poder y la dominación, puestos en práctica en toda relación social.

En el segundo capítulo, Bustelo se dedica a explicar la lógica de dos temas primordiales que actúan sobre el bios en los planos exo y endo somático: ellos son "el capitalismo infantil" y "la ingeniería biogenética", respectivamente. Aquí considera el desplazamiento sufrido por la escuela y la familia en sus roles históricos de trasmisores intergeneracionales, y a su vez la irrupción de los medios de comunicación y la industria cultural en la producción de un orden hegemónico, encontrando el caldo de cultivo propicio para explicar el fortalecimiento que actualmente han alcanzado las empresas orientadas a un mercado infantil, denominado por el autor como "capitalismo infantil". En esta misma dirección, y más allá de rechazar posturas fundamentalistas con respecto a la manipulación genética de seres humanos, pues en definitiva "no hay una humanidad esencialmente inalterable", sí llama la atención sobre los riesgos de que esta manipulación se oriente en provecho del capitalismo infantil, y en consecuencia hacia la parálisis de cualquier intento emancipatorio de la infancia.

El tercer capítulo está dedicado al análisis de la legislación vigente que interpela a la infancia en los planos nacional e internacional. Aquí, el ex funcionario de Unicef se propone desentrañar el contexto de la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CIDN). Destaca el carácter paradójico de ser una convención ratificada por 191 naciones, aunque en un marco en el que domina el individualismo y la desprotección por parte del Estado. Por lo tanto, para el autor la lucha política debe darse en dos planos: por la difusión de los derechos del niño y la adolescencia, pero también por su efectivo cumplimiento.

Finalmente, Bustelo pretende sentar los primeros jalones para una teoría de la infancia en clave sociológica que, parafraseando a Marx, busca la emancipación infantil, y no la justificación de su situación material. Una teoría tal implica concebir a la infancia como un comienzo discontinuo con la lógica opresora.

Asimismo, los pares dicotómicos sincronía- diacronía y heteronomía-autonomía sirven a esta teoría emancipante de la infancia para señalar lo que corresponde desalentar o animar en los procesos de formación del niño.

Bustelo se pregunta cómo hacer para que la relación adulto-infante no quede reducida a una mera transmisión que suprime el carácter diacrónico que introduce la infancia en la temporalidad humana. Para responder a esto apela al concepto de parrhesía, que concibe como la forma de asegurar una comunicación liberadora entre adultos e infantes.

A pesar de que los documentalistas ubicarán El recreo de la infancia en los catálogos de sociología de la educación, su campo de influencia trasciende lo estrictamente académico, siendo su lectura recomendable para maestros, padres, dirigentes, personal del Estado, miembros de ONG, comunicadores sociales y todos aquellos que estén abiertos a experimentar el placer de la agudeza crítica y, previsiblemente, la pasión de la insurrección política.

Universidad Nacional de Lanús Lanús - Buenos Aires - Argentina
E-mail: revistasaludcolectiva@yahoo.com.ar