ARTÍCULOS

La potencia de la noción de resistencia para el campo de la salud mental: Un estudio de caso sobre la vida campesina en el conflicto armado colombiano

The power of the notion of resistance in the mental health field: a case study on the life of rural communities whitin the Colombian armed conflict

 

Arias López, Beatriz Elena1

1Magíster en Educación y Desarrollo Comunitario. Doctora en Salud Mental Comunitaria. Docente, Facultad de Enfermería, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. beatriz.arias@udea.edu.co

Recibido: 8 de noviembre de 2013
Versión final: 24 de marzo de 2014
Aprobado: 5 de mayo de 2014

 


RESUMEN

El objetivo de este estudio es identificar las respuestas individuales, familiares y/o comunitarias para resistir en un contexto de conflicto armado prolongado. Se realizó un estudio de caso con población campesina de San Francisco, oriente antioqueño colombiano, que combinó los enfoques etnográfico y biográfico. Los principales resultados muestran que, a la par del sufrimiento, los campesinos desplegaron un repertorio de resistencias múltiples y diversas, como expresión de respuesta activa y estrategia para re-tejer los hilos rotos que dejó dicha experiencia. La resistencia, en su carácter de oposición afirmativa, es una categoría potente para el campo de la salud mental, toda vez que resalta la creatividad y la capacidad de transformación de las personas, permitiendo superar los límites de la mirada biomédica convencional que tiende a patologizar las respuestas individuales y sociales en escenarios de sufrimiento intenso.

PALABRAS CLAVES Salud Mental; Guerra; Creatividad; Población Rural; Colombia.

ABSTRACT

The objective of this study is to identify individual, family and/or community responses of resistance within protracted armed conflict. We conducted a case study with members of rural communities in the municipality of San Francisco, in the eastern area of Antioquia, Colombia, combining biographical and ethnographical approaches. The primary results show that, along with the suffering generated by the experience of armed conflict, rural community members also display a repertoire of multiple and diverse resistance strategies. Resistance is for them an active response and a way to re-weave the fabric torn by the experience. As a type of affirmative opposition, resistance is a powerful category for the entire mental health field, in that it highlights the creativity and capacity for transformation of individuals. In this way, the category allows for overcoming the limits of the conventional biomedical view that tends to pathologize individual and social responses in scenarios of severe distress.

KEY WORDS Mental Health; War; Creativity; Rural Population; Colombia.


 

INTRODUCCIÓN

Este artículo tiene su origen en la investigación Violencia, Resistencia y Subjetividad: destejer y tejer la salud mental; estudio de caso, municipio de San Francisco, Oriente Antioqueño, Colombia, 2011-2012, cuyo propósito general fue explorar los efectos de la violencia política y el conflicto armado (a) sobre la salud mental de la población civil, y comprender cómo los grupos humanos han logrado sobrevivir inmersos en contextos de violencia prolongada. Si bien los alcances fueron más amplios, aquí se presentan los hallazgos relacionados con las respuestas individuales, familiares y/o comunitarias construidas para resistir cotidianamente en dicho contexto. Estas inquietudes son de particular importancia en Colombia, cuyo escenario de conflicto armado ocupa más de seis décadas de la historia reciente, siendo el único conflicto vigente en América para el año 2011, entre otros cuarenta en el mundo (1).

Aunque la investigación que se ha producido en el país alrededor de esta problemática es abundante (2-8), en el campo de la salud, y más específicamente de la salud mental, es un tema vigente, no solo por los efectos que produce, sino además por las preguntas persistentes y/o emergentes que permanecen sin resolver. Los tres últimos estudios nacionales de salud mental en Colombia, realizados en 1993, 2003 y 2007 por el Ministerio de Salud (hoy Ministerio de Protección Social), privilegiaron indicadores de morbilidad y mortalidad, factores de riesgo y oferta de servicios institucionales, y muy marginalmente consideraron el conflicto armado y sus efectos sobre la salud mental (9). Por otro lado, los estudios provenientes de las ciencias sociales se han detenido sobre la población y las problemáticas del desplazamiento, más que aquella que permanece en zonas de alta conflictividad, generando un conocimiento marginal de las formas en que estas personas construyen su vida y una investigación insuficiente alrededor de las estrategias de resistencia y sobrevivencia (5). En este sentido, la mirada se dirigió hacia el lugar y efecto de las tensiones que acontecen entre el(los) poder(es) y la(s) resistencia(s) que circulan en estos escenarios de vida.

La noción de resistencia que se incorporó en este estudio alude a la confrontación con las relaciones de poder, pero no necesariamente desde el lugar de la confrontación con el Estado, que ha sido la tradición del pensamiento político occidental, alineado alrededor de la relación soberano-súbditos o Estado-ciudadanos (10,11). Al contrario, se dirige hacia la confrontación que se despliega ante fuerzas de poder, múltiples y difusas, que operan en la cotidianidad, en articulación con el mundo social, sin que necesariamente se enfrenten al Estado. Más que actos extraordinarios o insólitos, se trata de explorar actos comunes y ordinarios que configuran resistencias fugaces, potentes para tejer formas compartidas de ver el mundo y actuar en él. Nieto afirma que estas resistencias ponen en entredicho la díada poder-obediencia, e instalan en su lugar la díada poder-resistencia, constitutiva de un campo estratégico de fuerzas que hacen parte de procesos inacabados, incesantes y fluidos (11 p.45), perspectiva que se nutre con los aportes de Michael Foucault, Michel de Certeau y James Scott. El primero, descentra el poder del Estado y las instituciones, y lo vincula con formas de relación social que provocan asimetrías, desbalances pero también potencialidades en múltiples ámbitos: "la familia, la vida sexual, la forma en que se trata a los locos, la exclusión de los homosexuales, las relaciones entre hombres y mujeres... relaciones todas ellas políticas" (12 p.68).

La noción de un poder que permea las relaciones y la vida social dota de carácter político dichas relaciones y, por esta vía, a la vida cotidiana, donde estas se construyen y recrean. El poder se organiza en la sociedad como una especie de malla, en la que lo interesante es conocer su funcionamiento, "la localización de cada uno en el hilo del poder, cómo lo ejerce, cómo lo conserva, cómo le repercute" (12 p.254) y cuál es el repertorio de procedimientos que despliega para ello. Si bien Foucault no excluye la violencia de las relaciones de poder, aclara que aunque muchas veces sea uno de sus instrumentos, no constituye su principio fundamental. Es más, considera que "el ejercicio del poder puede producir tanta aceptación al punto de ser deseado", en la medida en que se define como un ejercicio de acciones que "incita[n], induce[n], seduce[n]. [tanto como] constriñe[n] o prohíbe[n]" (13 p.15). Esta forma de funcionamiento presupone sujetos libres, enfrentados a un campo de posibilidades, entre las que se encuentra la posibilidad de resistencia.

Michel de Certeau (14) se conecta con esta perspectiva al afirmar la capacidad de resistencia constante del hombre común contra el poder, tanto en medio de campos de fuerza apabullantes y asimétricos, como en aquellos menos polarizados. Su énfasis sobre la capacidad creativa del débil, resalta la capacidad de agencia y afirmación del sujeto, su poder generativo de fracturas en las relaciones de poder y un importante efecto sobre la politización de las prácticas cotidianas.

Por su parte James Scott (15) considera que las resistencias aparecen en las grietas de una dominación que nunca es total o completa, construyendo la noción de resistencia infrapolítica para referirse a formas variadas y discretas de resistencia, tanto materiales como simbólicas, que recurren a formas indirectas de expresión en la cotidianidad, sobre todo, en regímenes de dominación extrema donde la actividad política abierta está prohibida y criminalizada. La infrapolítica opera como una lucha que se libra en la cotidianidad de los grupos subordinados, cuya característica deliberada de invisibilidad es una decisión táctica frente al poder.

El interés por explorar este tipo de resistencias en un contexto de conflicto armado prolongado se fundamenta en el supuesto de que la respuesta a este tipo de experiencia no es exclusivamente patológica y, por el contrario, es posible que se produzca y potencie la capacidad de agencia de las personas, producto de respuestas activas (16,17). De ahí su vínculo con la salud mental, dado que la capacidad transformadora del ser humano se encuentra en la base de sus distintas definiciones (18).

 

MÉTODO

El estudio de caso, enmarcado en la perspectiva de la investigación cualitativa, combinó elementos de la etnografía y el método biográfico, adoptando como nociones orientadoras una serie de categorías procedentes de las ciencias sociales y del enfoque psicosocial. Igualmente, se orientó por los criterios de rigor alternativo propuesto por Lincoln y Guba (19 p.289-331) para los estudios de este tipo, identificados bajo las nominaciones de transferibilidad, credibilidad, previsibilidad y confirmabilidad, cuyo punto de partida fue asegurar la representatividad de los participantes y los escenarios. En concordancia, se seleccionaron dos veredas (b) del municipio de San Francisco, oriente antioqueño colombiano, cuyos últimos cuarenta años se caracterizan por la presencia de guerrillas, paramilitares (c), cultivos familiares de coca y desarrollo de programas y proyectos relacionados con el acuerdo bilateral con EE.UU., conocido como Plan Colombia. Como muchas otras localidades, este es un territorio construido históricamente sobre la base del despojo, la exclusión, el aislamiento, la precariedad y la marginalidad, pasados y recientes, propios de un modelo de desarrollo que desvaloriza al campesino y sus modos tradicionales de vida. La riqueza biofísica del territorio que habitan y su potencial geoestratégico, los ha mantenido en el centro de intereses diversos, en los cuales han confluido las guerrillas -Ejercito de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)-, así como los grupos de autodefensa -Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM). Adicionalmente en el año 2003, en el municipio San Francisco, se llevó a cabo el operativo militar conocido como operación "Marcial", emprendido por el ejército colombiano para la recuperación de la soberanía territorial en el marco de las políticas de seguridad democrática del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez. En este municipio las atrocidades del conflicto se revelan en el número de víctimas de accidente con mina antipersonal entre los años 2001 y 2012, que lo ubica en un segundo lugar en el país (20): 14 de las 41 veredas que conforman su área rural se encuentran deshabitadas por encontrarse sembradas de minas y armas trampa (21). La población que habitaba este territorio disminuyó a la mitad aproximadamente entre el 2000 y el 2005 por efecto del conflicto armado, pasando de 10.000 habitantes a 5.500 respectivamente (21).

Si bien el estudio de origen incorporó diversas fuentes y técnicas, la exploración concreta de las resistencias campesinas se hizo a través de entrevistas intencionadas hacia la construcción de relatos de vida, complementadas con observación participante. En el primer caso se propició el encuentro con mujeres y hombres, elegidos bajo los criterios de mayoría de edad, disponibilidad para narrar sus vidas y residencia por largo tiempo en este municipio. Además se procuró la multiplicidad en cuanto a la variable edad y proporcionalidad para la variable sexo. Se realizó un muestreo intencional y se siguió la estrategia de bola de nieve o en cadena (22), que permitió la obtención de 56 entrevistas en profundidad cuyo producto fue la construcción de veinte relatos de vida cruzados (23). Todas las entrevistas fueron realizadas en los escenarios naturales de vida, previa concertación con los participantes, grabadas bajo seudónimo, transcritas bajo el criterio de literalidad narrativa, devueltas a los mismos con el fin de asegurar su conformidad y aprobación e identificadas con un código alfanumérico para resguardar el anonimato.

En cuanto a la observación, el trabajo de campo y la observación participante de las actividades familiares domésticas, agrícolas y comunitarias se realizó por un periodo de 18 meses, con el fin de asegurar tanto la persistencia como la permanencia (24). El acceso al campo a través de la Asociación Campesina de Antioquia, organización civil con presencia permanente en la zona y trabajo activo con las comunidades campesinas desde hace seis años aproximadamente, permitió establecer lazos de confianza y empatía, así como la articulación del proceso investigativo a las actividades desarrolladas por dicha organización con las familias y las organizaciones comunitarias campesinas. La observación participante se orientó a complementar y triangular la información obtenida a través de las entrevistas, haciendo uso del diario de campo y el registro de diferentes tipos de memorandos. El cierre del trabajo de campo se estableció mediante el criterio de saturación (25). El análisis se hizo simultáneo a la recolección de información, utilizando herramientas informáticas (Atlas Ti), siguiendo una lógica de tipo comprensivo (26). Se mantuvo la revisión teórica durante el proceso, orientada por los hallazgos emergentes. En cuanto a los resguardos éticos se sometió el proyecto al aval del Comité de Ética para la investigación de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia, Colombia, aprobado mediante Acta Nº CEI-FE 2011-2, se diligenció el consentimiento informado con todos los participantes, se aseguraron mecanismos de garantía del anonimato y de la confidencialidad y se realizaron actividades de devolución de resultados parciales y finales con los participantes y sus comunidades.

 

RESULTADOS

Los resultados están organizados de acuerdo a la lógica sugerida por el análisis comprensivo, el cual permite identificar momentos vitales de los participantes, que marcan una encrucijada o un punto de inflexión en sus itinerarios biográficos (26 p.23). Estos hitos o momentos claves se ordenaron siguiendo un proceso comparativo y una delimitación de escenarios que se ubican tanto alrededor de la vida pública compartida, como en la vida que acontece en torno a esferas íntimas o privadas, en los cuales se desplegó un variado repertorio de resistencias, esto es, actos de confrontación de diverso tipo contra las fuerzas que circularon en la vida cotidiana inmersa en la violencia política y el conflicto armado. Las metáforas de "la puesta en escena" y "los escenarios", con los que se categorizan los resultados, expresan la manera en la que muchos de estos actos incorporaron la exigencia de un ocultamiento y una cierta "dramaturgia" en la vida cotidiana, convirtiéndose ella misma, en un importante recurso de resistencia entre los campesinos (15 p.41-53).

 

La escena pública: "quien nada debe, nada teme". o quien todo lo teme, todo lo arriesga

Frente a la imposición del miedo como recurso estratégico de la violencia política, una respuesta fue la resistencia activa y directa, donde se impugnó abiertamente la dominación y las presiones de los grupos armados: el campesino en nombre propio, poniendo su presencia, interpeló el foco del poder y reclamó una parcela de autonomía sobre su vida y la de su familia, incluso en momentos en los cuales la amenaza de muerte era inminente. Allí, se jugaban su última porción de dignidad, peleando de frente y expresándolo directamente: [Le dije] "Si es que usted está matando gente, pues máteme. Por qué no me mata si ya mató a los hijos míos. Pues también máteme a mí, igual pa' morir nacimos" (GF1). Esta respuesta directa solía apoyarse en una convicción moral construida colectivamente en la frase de uso corriente, según la cual "quien nada debe, nada teme", que proporcionaba certeza a la propia afirmación:

Le dije, respéteme la vida que yo soy una campesina, yo no le debo nada a nadie. Si le debiera algo a alguien pues no estuviera acá [.] y le dije: hágame el favor y me le respeta la vida a mi esposo que tenemos dos niñas, nosotros no le debemos nada a nadie... por eso el que nada debe, nada teme. (GF1)

Estas formas de actuación también fueron usuales ante la recurrente "invitación" de los grupos armados a formar parte de sus filas, llegando incluso a convertirse en respuesta colectiva organizada, con efectos importantes en la sobrevivencia de algunos jóvenes y expresión de un espacio potencial de libertad y voluntad de elección propia:

Nos pusimos muy de acuerdo y nos reuníamos y hablábamos con los jóvenes. Que ojala fuéramos resistentes a no dejarnos llevar por esa gente, por esos grupos así, que siempre dijéramos que no. Que ya si se lo llevan a las malas obligado, que más se iba a hacer, pero de resto no. Como esta vereda ha sido muy unida, muy trabajadora, muy luchadora, así en unión. Unos poquitos se fueron, pero la mayoría no y estamos aquí todavía. (E20Wh)

Frente al cambio de las normas y el orden social que les era conocido, cuando aparecieron en su territorio otros grupos armados en confrontación y se intensificaron prácticas como el reclutamiento de población, las desapariciones y otras violaciones a los derechos humanos, se desencadenaron una serie de reclamos directos a los mandos locales, tanto de la guerrilla como de los paramilitares, emprendidos en su gran mayoría por las mujeres que reclamaban por sus hijos. Estas resistencias abiertas de las mujeres guardan una relación importante con los procesos de transformación que ellas advierten sobre la conducción de su propia vida, desencadenados, paradójicamente, por la experiencia del sufrimiento derivado del conflicto armado. La puesta en escena de sus actos de resistencia es, a la vez, un acto de reparación de dicho sufrimiento:

Estaba como cocinada por dentro y eso fue como que me cayó un agua fresca. Eché esa pena pa' fuera, porque yo sabía que ese grupo era el que mató a mis hijos, eso me sirvió, no solo a mí, sino a muchos (E12Sm).

En los relatos se identificaron iniciativas que buscaban manifestar el descontento: envío de cartas anónimas a altos mandos de los grupos armados para quejarse de los abusos de los mandos locales y el rechazo a las minas antipersonal, la irrupción sorpresiva de miembros de la comunidad en reuniones cerradas de los grupos armados, la queja directa para reclamar que la escuela fuera respetada; en síntesis, el reclamo de las comunidades a no ser involucradas en el conflicto armado. Estas iniciativas, algunas emprendidas colectivamente y otras de manera individual, refuerzan en ellos el valor de la acción compartida, al igual que la convicción de que la palabra bien dicha opera como un arma eficaz contra la imposición de ciertos órdenes y formas de relacionamiento. Muchas acciones también operaron como negación explícita, como en el caso de la obligación a prestar guardia, norma que fue increpada abiertamente:

A nosotros en la vereda nos decían que teníamos que trabajar con ellos. Yo les decía como líder de la comunidad: No señores, nosotros no vamos a trabajar con ustedes [.] Yo les decía: No señores, nosotros somos campesinos, no tenemos armas sino los brazos y el machete pa' trabajar. (E17Rh)

Las prácticas de resistencia desplegadas abiertamente, sumadas al aprendizaje histórico de experiencias de trabajo colaborativo y de movilización social, constituyen un antecedente para que hoy persistan en reclamar el derecho a habitar su territorio, cultivar y trabajar la tierra que conocen, sienten propia y que dota de sentido a sus vidas. Esta resistencia se materializa activamente en el retorno, que aún en condiciones de inseguridad, les confiere una cuota de dignidad por la recuperación material y simbólica de lo que les pertenece. En el acto de volver, limpiar, sembrar y persistir, es donde la vida recobra la dignidad. La resistencia implica querer estar, volver y permanecer: "Uno como campesino y que le guste el campo y trabajar, no coge otro destino que no sea el campo" (E17Rh).

 

La escena familiar: aconsejar, solicitar, ordenar y hasta rogar

Las dinámicas familiares están permeadas por una multiplicidad de acciones, que integran prácticas de crianza, patrones culturales de lo masculino y lo femenino, actitudes frente a los grupos armados y las armas o formas de tramitación de conflictos familiares. Un lugar común en los relatos tiene que ver con asignar un papel protector al padre, referente de la autoridad, de la norma y garante de la unión del grupo familiar. La madre actúa bajo formas persuasivas, ligadas al consejo o incluso a la transacción afectiva. Estos lugares de lo masculino y lo femenino refuerzan una lógica patriarcal de funcionamiento y, simultáneamente, contradicen y desconocen el lugar que cumplen las mujeres en los procesos de recuperación cotidiana. Los entrevistados más jóvenes resaltan el ejemplo del padre; los consejos, ruegos y hasta la enfermedad de la madre, como manifestación corporal del desacuerdo; el exilio autoimpuesto por las familias y, en algunos casos, hasta el castigo físico, como actos de resistencia familiar, para oponerse a las fuerzas de dominación impuestas por los actores armados:

Mi papá y mi mamá sí sabían cómo era la cosa, y no nos dejaban acercar mucho, ellos nunca les negaban un bocado de comida ni un vaso de agua, ni nada [a los miembros de los grupos armados]. Se los daba con respeto, pero no nos dejaban acercar a ellos y no nos dejaban oír las conversaciones [.] Mi papá siempre le decía a mi mamá que nos llevara a una parte donde no escucháramos. (E19Am)

 

La escena vecinal: decir y hacer lo que ellos quieren oír

La vida vecinal fue modificada a partir de la adecuación de hábitos y rutinas aparentemente insignificantes, pero decisivos en su cotidianidad: un toque de queda voluntario a partir de las 6 de la tarde, abandono de los encuentros nocturnos en la escuela y de la visita al vecino. Las personas dejaron de salir solas por los caminos y trochas y el color negro o verde en la ropa fue autocensurado:

Después de las seis de la tarde, el que cayera [al que mataran]. pues que fueran al otro día a recogerlo o se lo comieran los gallinazos [...] Uno se acostaba temprano, ajustaba las puertas bien ajustadas y si alguien golpeaba la puerta, uno se tapaba con la cobija esperando que vinieran a matarlo. (E1Ah)

Cuando escuchaban el helicóptero o los primeros disparos, se reunían en una casa, se abrazaban, lloraban y rezaban juntos. Resistir, en estos momentos, pasaba por sentir que otros compartían la misma experiencia de miedo e impotencia y que era precisamente la fuerza del grupo la clave para superarla y afirmar su propia condición de sujetos:

Como en la comunidad hemos sido tan bien avenidas, todos nos juntábamos. Usted sabe que es más conforme en medio de un viaje de gente que uno solito, uno se preocupa demasiado. Uno cree que estando en medio de la gente, con todos los vecinos, uno no se muere. Uno está conforme al estar al medio de los vecinos, de la gente de uno. (E6Lm)

En la interacción con los actores armados, la resistencia campesina conjugó astucia y agudeza. Una campesina relata que ante la inminencia del desplazamiento, luego de la detención forzada y posterior asesinato de su esposo, ella recogió todos sus enseres y los repartió entre los vecinos, ejerciendo una "soberanía" sobre sus pequeñas propiedades que serían tomadas por los actores armados. En el mismo sentido, otra decidió vender sus muebles y enseres: "en cualquier momento me toca desplazarme y eso me costó mucho pa' yo dejarlo y encontrarlo luego de cualquier manera". Estas decisiones, aparentemente sencillas, significan para estas mujeres una posibilidad de decisión propia y un autorreconocimiento de su dignidad que, aunque silencioso, reta las normas establecidas, bajo el disfraz de una falsa sumisión. Estas estrategias se replicaban frente a la pregunta incómoda que hicieran los paramilitares en el retén de entrada a la cabecera municipal o en otros sitios de encuentro y control. La respuesta compartida y concertada silenciosamente consistía en decir lo que ellos querían oír. La única manera de pasar el retén sin mucha dilación era afirmando que la guerrilla estaba en las veredas. Mentir como estrategia, aunque permitía proteger a quien mentía, ponía en peligro al vecino que luego pasaba por el retén y negaba haberlos visto. La estrategia de decir lo que ellos querían oír, fue implementada en muchos casos:

Uno a veces tenía que decirles que la guerrilla sí estuvo, sin verla, pa' poder que lo dejaran pasar [...] Había gente que tenía que decirles mentiras a los paramilitares pa' poder que los dejaran libres y los dejaran volver siquiera a la casa. Si les decían: yo no vi a nadie, sabían que los amarraban, los detenían y los golpeaban. (E1Ah)

En la medida en que el conflicto armado fue horadando las relaciones vecinales y comunitarias, aparecieron la desconfianza y la fragmentación. El quiebre de los lazos vecinales instaló formas de comportamiento evasivos que se tradujeron, para algunos, en mantenerse al margen de cualquier grupo armado, rehusando cualquier tipo de ayuda, apoyo u oferta, lo que sin duda en un contexto cotidiano de conflicto armado era una opción poco viable. En contraste, otros optaron por actuar igual con todos, abrir las puertas de la casa, responder indistintamente, sin privilegios especiales con ninguno:

El que nos saludaba lo saludábamos, el que nos pedía agua le dábamos agua, el que nos pedía comida le dábamos comida, fueran soldados, fueran paramilitares o fuera todo el mundo que llegara. Nosotros nos pedía un favor y lo hacíamos, ahí la igualdad era para todos, por eso nosotros no sentíamos temor. (E1Ah)

Una tercera variación se orientaba a mantener unas relaciones cordiales pero distantes, calificadas como de evitación: saludar pero evitar cualquier conversación, encuentro o lugar común, no hacer preguntas, nunca hablar ni de política, ni mucho menos del conflicto. Estas prácticas, dirigidas inicialmente a los miembros de los grupos armados, se fueron extendiendo hacia los vecinos, cuyas relaciones empezaron a estar imbuidas de incertidumbre y sospecha. La cuarta variación consistió en el plegamiento a los nuevos órdenes sociales impuestos por los actores armados, como fue el caso de los paramilitares. Fue muy común en este periodo que quienes habían formado parte de la guerrilla desertaran e ingresaran a las autodefensas que estaban en crecimiento en la zona: "eran milicianos y de un momento a otro, eran paracos" [paramilitares] (E2Am). El que ayer los reclutaba para la guerrilla, luego, como paramilitar, los mataba por ser colaboradores de dicho grupo insurgente o los reclutaba para las autodefensas. Esto hizo más complejas las relaciones vecinales y las relaciones de parentesco, en las que se entremezclaban todos estos matices. Esta forma de acción tendría que revisarse detenidamente pues, más que una acción de resistencia afirmativa, parece responder a un acto de sobrevivencia, en el que las opciones de elección son mínimas y la libertad inexistente. Allí también aparecen los entrecruzamientos de las redes de parentesco con miembros de grupos armados en confrontación. En las familias extensas, era común encontrar miembros tanto en la guerrilla, como en las autodefensas y el ejército estatal.

 

La escena íntima: silenciar los sentidos y ponerse en las manos de Dios

La mayoría de campesinos desplegaron resistencias silenciosas y sutiles ligadas a la esfera más íntima, no solo por circunscribirse a espacios privados y acotados, sino que operaron como un susurro imperceptible para quienes no hacían parte de su cotidianidad. Este tipo de acciones adquieren el carácter de resistencias en la medida en que no son respuestas ingenuas o cambios del azar, sino modificaciones intencionales a las rutinas cotidianas, que operaron como recurso de evasión en medio de la violencia y el terror más amenazante. A diferencia de las opciones de resistencia abierta, desplegadas en la escena pública, estas circularon en condiciones extremas de miedo e impotencia. A medida que la intensidad de las amenazas aumentaba y el miedo se instalaba, el silencio se tornó una estrategia y la escucha atenta, una alternativa. Este silenciamiento estratégico se prolonga hasta el presente, por lo que no es extraño encontrar la respuesta evasiva o incluso negativa ante la pregunta por la experiencia del sufrimiento y el conflicto armado.

Ahora bien, cuando el mundo que se habita es tan caótico e incierto y las posibilidades de construcción con los otros próximos se cierra, solo queda una alternativa, que por la vía de la religiosidad y el animismo, buscaba la fortaleza y la resistencia frente a la intensidad de la violencia y las amenazas. Algunos acudieron a sacerdotes, hechiceros o adivinos buscando una protección proveniente de otro mundo u otra dimensión, dadas las amenazas de este mundo que estaban habitando. También buscaron allí respuesta a la incertidumbre de la desaparición o la muerte de algún miembro de la familia, la ubicación del cadáver o el lugar de detención. Para comprender el lugar que ha tenido la religiosidad en la resistencia campesina en el municipio de San Francisco, son útiles los planteamientos de Venna Das, quien afirma que las instituciones sociales están implicadas con el sufrimiento social en dos modos opuestos: por un lado, lo producen pero, por el otro, tienen la posibilidad de crear una comunidad moral que le permite a las personas enfrentar dicho sufrimiento, en la medida en que logran darle un sentido y un lugar de utilidad al sufrimiento (27 p.437-458).

Las prácticas religiosas ocupan frecuentemente los relatos: "ejercicios religiosos", "grupos de propagación de la fe", rosario familiar o entre vecinos, procesiones a la virgen, peregrinaciones a otros municipios, entre otras. Parte de los argumentos explicativos de su experiencia en el conflicto armado tienen relación con una decisión divina que, aunque incomprensible, es asumida como una prueba de bondad. Siendo entonces su sufrimiento parte de un plan divino que no es posible evadir, la única respuesta posible es la oración. La oración era el arma equivalente y eficaz para proteger a los miembros de la familia cuando salían a trabajar o salían al pueblo en medio de los enfrentamientos. Cuando empezaron a entrar los paramilitares, la práctica de la oración colectiva fue la acción de resistencia que pusieron en escena:

Entonces cuando ya dijeron que venían los paracos [paramilitares] entonces nos unimos y empezamos a rezar, porque el padre nos dijo: recen el rosario, porque el rosario es un arma muy poderosa, y si es posible vénganse en procesión rezándolo por todas las entradas de la vereda. Nosotros hicimos unos hachones [antorchas] grandes y nos íbamos en procesión rezando por todas las entradas [.] Rezarle a Dios sirve, la fe lo protege a uno y muchas veces lo salva a uno. (E10Rm)

 

DISCUSIÓN

La vivencia del conflicto armado prolongado que se instaló en la vida de las comunidades campesinas, desencadenó procesos conducentes a resignificar y transformar el sufrimiento, a través de múltiples oposiciones y negaciones, modificando las relaciones de fuerza e inventando nuevos esquemas de politización, dando lugar a la invención de una cotidianidad resistida. Estos hombres y mujeres transformaron las relaciones de fuerza, a través de una amplia gama de tareas de diferenciación, creación e innovación de sus formas de vida y de relación, que fueron moldeando un proyecto ético y, por esta vía, un proyecto político u "otras maneras de lo político" (28 p.33). Scott (15) y De Certeau (14) son enfáticos en afirmar el potencial estético, expresivo y creativo de las resistencias y la manera en que refuerzan en las personas el despliegue de capacidades, habilidades y talentos, conducentes a potentes actos de creación que expresan la capacidad humana de actuar individualmente, pero también concertadamente con otros, en una forma tan móvil y productiva, como lo hacen las mismas relaciones de poder (29,30).

En la apropiación variable de tiempos y espacios sociales relacionados con la experiencia de sufrimiento, la resistencia ocupó un lugar creativo y transformador, aún en los casos en que se expresó como negación íntima y silenciosa. Como lo señala Foucault: "Decir no constituye la forma mínima de resistencia. Pero, naturalmente, en ciertos momentos es muy importante. Hay que decir no y hacer de ese no una forma de resistencia decisiva" (12 p.423). En la vivencia del conflicto armado, hasta el presente, la puesta en acto de la resistencia campesina, evidencia que estos hombres y mujeres no permanecieron como sujetos pasivos receptores, sino que en cada momento han desplegado un papel activo transformador de sus espacios microsociales. Tanto en el momento en que la convivencia en el territorio fue con un solo actor armado, como en aquellos que experimentaron la presencia de hasta cuatro actores armados en confrontación, la(s) resistencia(s) siempre tuvieron su escena, con el fin de reinventar formas de vivir en común y de hacerle frente a las fuerzas que intentaban, y siguen intentando, capturar y controlar dichas formas de vida. La cartografía de las resistencias que se esbozó anteriormente es un trazado de líneas sutiles, variables y multiformes, que serpentean en su esfuerzo por ensayar prácticas alternativas para evadir dichos controles.

 

CONSIDERACIONES FINALES

Los actos de resistencia, como actos paralelos a las relaciones de poder, advierten que estas últimas son potencialmente modificables y, por lo tanto, que los procedimientos de sujeción y encasillamiento también pueden ser interrogados y puestos en tensión por dichas oposiciones. Estos reclamos no siguen un curso único o lineal, y pueden presentarse como actos públicos de afirmación explícita o actos silenciosos que discurren en la intimidad y el anonimato. Entre estos dos lugares, los matices y posibilidades son infinitos, como lo muestra la experiencia anteriormente descrita. Lazzarato sugiere que resistir no conduce a la fuga o la huida, sino al reconocimiento de hacer parte de un mismo mundo, pero avanzando en una afirmación de la diferencia (31 p.179-181), con lo cual los campesinos dejan de ser un sujeto colectivo uniforme, para reconocerlos como una colección de subjetividades múltiples, producidas a través de tensiones complejas entre el sufrimiento y la resistencia cotidiana. Es posible que las resistencias se prolonguen afirmativamente en dichas subjetividades, pero también que se agoten en el tiempo o sean incorporadas en las nuevas fuerzas de poder que ocupan el escenario local, dado que los resultados de las acciones de resistencia pueden ser impredecibles y quizá conservadores (10). Sin embargo, en una perspectiva más optimista, siguiendo a Foucault, la resistencia es portadora de una condición afirmativa más que defensiva, en el sentido de crear nuevas maneras de vivir y relacionarse con sí mismos y con otros al interior de las relaciones asimétricas de poder y, en ese sentido, su lugar es la alteración y la transformación de esas asimetrías (12). Teniendo precaución de no sobredimensionar sus alcances, lo afirmativo de la puesta en escena de las resistencias campesinas es, sin duda, su potencia para instalar escenarios ajenos a la sumisión y la pasividad, lo cual desvirtúa la patologización y la medicalización del sufrimiento, como única vía de acercamiento desde la salud mental. Los relatos de falsa sumisión frecuentes entre estos campesinos, son una obra maestra de hábiles juegos "teatrales" y sin duda alguna de su potencial creativo, que si bien no conducen a la ruptura definitiva con los órdenes de dominación, sí afirman la capacidad de estos hombres y mujeres para subvertir lo programado, lo que sin duda es fundamental para su dignidad. Esta posibilidad subversora niega el carácter pasivo de quien sufre y le asigna la posibilidad de desafiar los poderes responsables de su sufrimiento. La resistencia es una noción potente para propuestas renovadoras, que involucren en sus cuerpos discursivos y prácticos el lugar potencial de las personas como productoras de su historia y su devenir, superando las prácticas centradas en el control y el éxito técnico, ampliando la posibilidad creativa de las relaciones terapéuticas (32). Atender a quien sufre partiendo de categorías más activas para el sujeto y su dignidad, negándose a usar el lenguaje del trauma, no significa minimizar su sufrimiento, sino al contrario, darle crédito y valorar los recursos propios y las redes de apoyo (33). Esto no significa desconocer que hay personas que pueden necesitar soportes técnicos especializados, sino, más bien, evitar la estigmatización que tiende a ver a todos aquellos que han experimentado el sufrimiento derivado de la violencia política como enfermos, de tal forma que se patologizan todas las respuestas, se tecnifican los procesos de tramitación del sufrimiento y se reduce a términos médicos una compleja situación política, histórica y cultural (34,35). Si convenimos que la salud mental está íntimamente relacionada con la capacidad de tramitación de los conflictos derivados de la vida social, es innegable que la exploración de la(s) resistencia(s) cotidianas, constituyen una fructífera fuente para comprender su dinámica y generar propuestas de acompañamiento más integrales, especialmente en contextos de intenso sufrimiento como el que provoca la violencia política.

 

NOTAS FINALES

a. Si bien las nociones de violencia política y conflicto armado tienen sus particularidades, en este texto ambos términos se utilizan indistintamente, teniendo como base que el contexto de análisis es el de un conflicto político que hace uso del recurso de la fuerza armada.

b. En Colombia se denomina "vereda" a un tipo de subdivisión territorial de los municipios, principalmente circunscrito a sus zonas rurales, de tamaño variable, dependiendo de la ubicación y la concentración/dispersión de población, con un número que puede fluctuar entre 50 hasta 1.200 habitantes.

c. En el texto se utilizan como sinónimos los términos de paramilitares y autodefensas.

AGRADECIMIENTOS

La tesis doctoral de la que se deriva este artículo, realizada bajo la asesoría de Elsa Blair T. y Duncan Pedersen, no recibió financiación, ni subvención distinta a la derivada de la comisión de estudios concedida por la Universidad de Antioquia desde el 2009 al 2013 y el apoyo logístico de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA) durante el trabajo de campo.

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