ARTÍCULOS

Delimitación de fronteras como estrategia de control social: el caso de la violencia homicida en Medellín, Colombia

Marking bourdaries as a strategy of social control: the case of homicidal violence in Medellin, Colombia

 

López-López, María Victoria1; Pastor-Durango, María del Pilar2; Giraldo-Giraldo, Carlos Alberto3; García-García, Héctor Iván4

1Socióloga. Magíster en Medicina Social. Docente, Facultad de Enfermería, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. mariavlopezlo@gmail.com
2Enfermera. Doctora en Ciencias de la Salud Pública. Docente, Facultad de Enfermería, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. ppastordurango@gmail.com
3Médico Psiquiatra. Magíster en Ciencias Políticas. Investigador Asociado, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. cagiraldo@une.net.co
4Médico. Magíster en Epidemiología. Docente, Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. higarcia@quimbaya.udea.edu.co

Recibido: 23 de abril de 2014
Versión final: 14 de julio de 2014
Aprobado: 1 de septiembre de 2014

 


RESUMEN

En el marco de un estudio realizado entre 2003 y 2011 para comprender escenarios de violencia homicida a partir de la percepción del hecho violento y su contexto, se reflexiona sobre el sentido de las"fronteras invisibles" en barrios de Medellín (Colombia). Desde un enfoque cualitativo que combina revisión documental y entrevistas, se analiza la experiencia vivida por ocho participantes. Entre los principales resultados se destaca que el control barrial es ejercido por distintos actores; que las fronteras no son visibles para el común de las personas, sino que son demarcaciones en las que son reclutadas y controladas, y que consolidan estrategias para recaudar recursos económicos de forma ilegal y regular las actividades culturales y sociales de los habitantes, lo cual repercute en la dinámica y los imaginarios sociales. De este modo, se controlan los territorios, las amistades y los afectos de víctimas jóvenes -que no se vinculan a grupos ilegales y/o no tienen"información"- y de adultos mayores indefensos.

PALABRAS CLAVES Violencia; Homicidio; Percepción; Colombia.

ABSTRACT

As part of a research study undertaken in the period 2003-2011 to understand situations of homicidal violence based in perceptions regarding the act of violence and the surrounding context, we reflect on the meaning of"invisible bourdaries" in the neighborhoods of Medellin (Colombia). Using a qualitative approach that combines documentary sources and interviews, the experiences of 8 participants are analyzed. In the primary results we can see how control over neighborhoods is exercised by different actors through bourdaries not visible to ordinary people. Nevertheless, around these lines people are recruited and controlled and strategies to illegally generate economic resources and to regulate the cultural and social activities of inhabitants are consolidated, thus affecting the social dynamics and imaginary of the neighborhood. In this way, the territories, friendships, and affects of young victims - who are not linked to illegal groups and/or do not have"information" - and of defenseless older adults are controlled.

KEY WORDS Violence; Homicide; Perception; Colombia.


 

INTRODUCCIÓN

Este trabajo forma parte de los resultados de la investigación"Reconfiguración de escenarios de homicidio y su relación con el desarrollo: Medellín, período 2003-2009", (código institucional de aprobación CODI-2512), cuyos objetivos fueron comprender los escenarios en el contexto de las políticas públicas, las tendencias del desarrollo de la ciudad y la percepción de los familiares de las víctimas sobre el hecho violento. Los homicidios son la más radical expresión de las asimetrías humanas y la evidencia de la incapacidad para resolver conflictos de manera concertada. Con la construcción de escenarios se busca trascender la mirada de la violencia como dato, ello es, acercarse a las muertes violentas como un asunto relacional, que es resultado de intencionalidades, imposición de poderes, circunstancias, aspectos estructurales y coyunturales de la ciudad y del hecho violento en sí mismo. De esta investigación se han derivado dos publicaciones: la primera, hace una descripción cuantitativa de los homicidios ocurridos en la ciudad en los últimos 30 años (1) y, la segunda, analiza las políticas públicas en seguridad y su relación e incidencia en el comportamiento de los homicidios en Medellín, entre 2003 y 2009 (2).

En Colombia, la violencia ha estado presente a lo largo de la historia, afectando el desarrollo social y económico de amplios sectores de la población y con consecuencias para la vida y la salud, dado que se comporta como un fenómeno generador de incertidumbre e impotencia, destructor del tejido social. En ello el Estado ha tenido gran responsabilidad, pues como plantea Daniel Pécaut:"La violencia en Colombia no tiene que ver tanto con los excesos de un Estado omnipresente y todopoderoso sino, más bien, con los espacios vacíos que deja el Estado en la sociedad" (3).

La segunda ciudad del país, por su desarrollo industrial y por su población, es Medellín, ubicada al noroccidente de Colombia. Su proyección de población para 2011 era de 2.664.394 habitantes (4). Como ciudad global, encierra posibilidades, pero también graves problemas derivados de la exclusión y la desigualdad social. Según Franco (5), mientras la ciudad se reorganiza para hacerse atractiva y competitiva con otras, a partir de la transformación del gobierno local como empresa, como ciudad global, polo empresarial, centro comercial, turístico, clúster de salud y principal eje de la innovación, persiste un campo de penurias propias de la pobreza, de las desigualdades, en el que se registran altas tasas de desempleo, de economía informal, de agudización de la pobreza y profundas inequidades, centro de recepción de población en situación de desplazamiento forzado y de desalojo intraurbano (a), todo lo cual no existe de manera independiente ni como un problema de diseño defectuoso o de desarrollo incipiente sino que es el correlato de la concentración de la riqueza.

La violencia es un aprendizaje peculiarmente humano que hace parte de los procesos de socialización/individuación y de construcciones culturales. Se caracteriza por el ejercicio asimétrico de poder en el que intervienen al menos dos oponentes, que resuelven sus conflictos recurriendo a la fuerza para lesionar o dañar la integridad personal y/o material del opositor (7). Su materialización resulta de determinados contextos, motivaciones, afectos, legalidades, recursos y escalas valorativas y, con frecuencia, de una planeación consciente. El conflicto es resuelto por fuera de las reglas definidas para regular las relaciones sociales, es decir, se utilizan medios por fuera del Derecho y de la ley.

Respecto al concepto de violencia urbana, Gómez et al. (8) lo conciben como el conjunto de acciones violentas que se producen en el proceso de construcción de las ciudades y que afectan su entramado social; se caracteriza porque se ubica más en el plano de las relaciones interpersonales y trasciende del ámbito privado hacia el público; está influida por condiciones estructurales y coyunturales, expresadas en inequidades socioeconómicas, debilidad de la cultura y de la participación ciudadana, precariedad de las orientaciones preventivas, de asistencia social y de justicia; ausencia de mecanismos de tramitación concertada y regulada de conflictos. En ciudades como Medellín, se agrega el impacto del narcotráfico (9), el cual trajo consigo alta rentabilidad del tráfico de cocaína y con ello una escalada de violencia con altas cifras de homicidio y profundización de los niveles de corrupción en las instituciones.

Otra característica de este tipo de violencia es la multiplicidad de manifestaciones, intereses, formas de organización y objetivos altamente diferenciados, los que, en algunas ocasiones, se entrecruzan (10). Se trata de una violencia más de tipo instrumental que impulsivo, asociada con formas organizadas del crimen y grupos armados irregulares (11) que ejercen poder en territorios con presencia precaria del Estado, lo que da lugar a estrategias alternas de control social que sustituyen el control estatal. En este sentido, sus víctimas y victimarios ya no son solo los del conflicto armado o de grupos sociales organizados, sino que también incluye como nuevos actores a los sujetos que hacen parte de la vida cotidiana.

Para entender el control social acudimos al planteamiento de Monedero:

Conforme el Estado abandonó su responsabilidad respecto de determinados lugares sociales, la satisfacción de determinados bienes públicos fue ocupada por otros actores: mafias, ONG, empresas, iglesias, paramilitares, sindicatos. Son claros los efectos de esa sustitución en las llamadas zonas marrones, esos espacios donde la reclamación del monopolio de la violencia física legítima se la auto-atribuyen multitud de personas y grupos con intereses particulares. (12 p.219) (cursivas del original)

El comportamiento de los homicidios en Medellín ha sido fluctuante: desde 1979 a 1989 se produjeron 18.992 homicidios (promedio anual de 1.726); desde 1990 a 1999, 45.434 (promedio anual de 4.543); y desde 2000 a 2009, 18.919 (promedio anual de 1.892). La tasa anual de homicidios por 100.000 habitantes fue de 44 en 1979 y 47 en 2008 con un máximo de 388 en 1991, cifras que por su dimensión representan un obstáculo para construir civilidad (7,13).

En la ciudad, se diferencian múltiples territorialidades expresadas por la diversidad en la apropiación de los espacios, de acuerdo con las relaciones establecidas entre el Estado y los ciudadanos. Una de las expresiones de estas territorialidades son las"fronteras invisibles" en el contexto de violencia en Medellín, situación creciente en los últimos 20 años, de las que pueden diferenciarse dos modalidades. En la primera, los actores armados ilegales imponen prohibiciones para transitar de un espacio a otro con el fin de controlar los territorios en lo económico y en la vida social comunitaria, lo cual no solo es una violación del derecho a la libre circulación, sino que refuerza el miedo y la dificultad para construir la ciudad como espacio de transacciones económicas, sociales, culturales y para tejer redes sociales. Concretamente, se tornan una limitación para el disfrute del derecho a la ciudad pero, en esta ocasión, como consecuencia de la acción de actores ilegales. La otra modalidad, se configura de arriba hacia abajo y es efecto del proceso de urbanización según el cual la estratificación de la ciudad genera una concentración de servicios, de equipamientos urbanos y una estructura de vigilancia privada que configura el contexto de una ciudad fragmentada con espacios y rutinas claramente diferenciables de tal manera que, para algunas personas de estratos socioeconómicos bajos, el hecho de transitar por territorios de estratos altos la hace sospechosa; similar situación se presenta para quienes habitan en estratos altos y deben transitar por territorios de estratos bajos. Si bien la frontera territorial derivada de la urbanización que estratificó estructuralmente la ciudad es la más visible y amerita búsquedas investigativas, no constituye el objeto principal de este trabajo, el cual se centra en el control que ejercen los grupos ilegales sobre los territorios y las personas.

En un estudio previo realizado por nuestro grupo de investigación (14), se identificaron escenarios de homicidio en el período 1990-2002 y se pudieron delimitar tres momentos, en los que predominó uno de los escenarios: de 1990 a 1993 primó la violencia asociada al narcotráfico y a otras actividades ilícitas organizadas; de 1994 a 1998, la violencia por reivindicación económica o del honor, y de 1999 a 2002, la violencia territorial en la que se enmarcan las llamadas fronteras invisibles, modalidades que complejizan el problema, dado que profundizan la intromisión en la vida de la población civil, constituyen un ingrediente para mantener y reconfigurar las estructuras ilegales de la ciudad, e implican un referente geográfico con delimitaciones espaciales o simbólicas de mayor fuerza.

Estas fronteras son"visibles" a través de códigos o dibujos en lugares conocidos, ubicados en dispositivos existentes en los barrios (un teléfono público, una institución educativa, un escenario deportivo, una tienda, un poste de luz, un muro), lo que obliga a los vecinos a dominar ese lenguaje para sobrevivir o para reducir el temor. En algunos casos, los mismos grupos permiten que los miembros de la comunidad conozcan la demarcación de los espacios de dominación y no deben divulgarlo a extraños (15).

Este artículo se centra en las implicancias que tienen las fronteras invisibles en la cotidianidad de los barrios, como una de las categorías emergentes de la investigación marco.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

En la apuesta por reconocer las realidades de los sujetos y la experiencia vivida con los homicidios de los familiares de los fallecidos, se adoptó el enfoque cualitativo y se combinaron elementos de distintas estrategias metodológicas para describir el contexto (etnografía) y hacer una doble interpretación de los hechos: desde el actor y el investigador (hermenéutica).

Los participantes fueron interlocutores válidos, con información de lo ocurrido en Medellín en el periodo de estudio, que intervinieron voluntariamente. Se tuvieron en cuenta las consideraciones éticas en todo el proceso investigativo como un eje transversal. Inicialmente se recurrió a las bases de datos disponibles en el Programa de Atención a Víctimas del municipio de Medellín, sin resultados positivos por la dificultad para localizarlos (cambio de domicilio o de teléfono), por el temor a participar en la entrevista o por el dolor que se revive al narrar lo sucedido. Ante esta situación, se buscaron participantes utilizando la estrategia bola de nieve y se realizaron ocho entrevistas semiestructuradas, concertadas a través de contacto telefónico en el que se acordó el momento y lugar de realización. Las entrevistas fueron orientadas por un investigador psiquiatra. Se presentó el consentimiento informado a los participantes para ser suscrito y con ello autorizar la entrevista y su grabación. Luego de cada entrevista el grupo de investigadores analizó los aspectos significativos observados y con la transcripción del audio se procedió a la lectura detallada, la codificación y la categorización. Los códigos emergentes se agruparon para la conformación de categorías descriptivas y, posteriormente, explicativas, referidas a temas recurrentes. Finalmente, el análisis avanzó hasta la construcción de categorías interpretativas, que responden a la descripción teórica de los datos, tomando elementos propuestos por Galeano (16). Los testimonios que aparecen en los resultados se identifican con un nombre ficticio del fallecido y un código compuesto por siglas que representan las características de los participantes y permiten proteger la identidad (E: códigos de entrevista; número de la entrevista; M, P, H, PF: madre, padre, hermano u otro pariente del fallecido; M o F: sexo del fallecido; número de la comuna donde residía el fallecido).

El manejo de la información fue confidencial y para fines exclusivos del proyecto. Así mismo, el grupo se comprometió en el respeto por las fuentes y derechos de autor. Con la combinación de la revisión documental (prensa y artículos de revistas) se obtuvieron elementos del contexto social en el que ocurrieron los hechos y con las entrevistas semiestructuradas se obtuvieron las percepciones de los participantes. No se trató de buscar la"saturación" exigida por los estudios cualitativos, ante la dificultad de narrar hechos tan dolorosos para los participantes, evitando importunarlos y revivir momentos que van superando; sin embargo, la información recolectada permite la aproximación a una realidad solo parcialmente investigada.

 

RESULTADOS

Descripción de los casos

A partir de las narrativas logramos una descripción de las personas fallecidas, las circunstancias en las que ocurrió su muerte, la percepción de la intencionalidad del agresor y el significado familiar, personal y social de la vida y de la muerte del fallecido.

Los casos analizados corresponden a homicidios de tres mujeres y cinco hombres; cinco con edades entre los 15 y los 19 años, una mujer de 34 y dos hombres mayores de 20 años (22 y 43 años); dos casados y con hijos; uno de ellos no tenía una ocupación conocida, los demás eran estudiantes, trabajadores del sector informal de la economía y una trabajaba como contratista en una entidad pública. En relación con el parentesco entre los participantes y el fallecido se obtuvo información de cuatro madres, un padre, un tío y una hermana; cinco de ellos relataron antecedentes de muertes por homicidio en su familia cercana (hermanos, hijos, sobrinos).

Los hechos violentos ocurrieron a diferentes horas del día o de la noche. Llama la atención que en los dos casos ocurridos durante la noche, las víctimas fueron mujeres jóvenes. Excepto un caso, todos los hechos ocurrieron en la vía pública, en barrios cercanos al lugar de residencia del fallecido. Se utilizaron armas de fuego, salvo en un caso en que la fallecida fue víctima de asfixia mecánica. En cuanto a la relación entre el fallecido y el agresor, los familiares expresaron que conocieron la identidad del agresor un tiempo después de ocurridos los hechos y, en otros casos, presumen quien fue el autor material pero no se atreven a denunciarlo por temor a represalias; en uno de los casos, el victimario fue plenamente identificado y judicializado.

 

Las voces de los participantes

El contexto barrial es descrito por los familiares de las víctimas a partir de los cambios forzosos que fueron dándose poco a poco en los últimos 20 años y tornaron difícil para los habitantes desplazarse entre el mismo barrio y, en otros, la presencia de ciertos actores fue impactando o rompiendo la vida cotidiana. Es así como se destacan dos categorías interpretativas. La primera categoría se refiere a la existencia de límites como una imposición que hacen ciertos actores. Esto causa miedo y afecta la vida tanto personal como comunitaria, los participantes destacan la impotencia que trae consigo la violencia y la pérdida de sueños, como tener un espacio barrial armónico. En la segunda categoría interpretativa aparece como decisivo el control que se ejerce sobre las personas como una situación inexplicable y desproporcionada. El control invade realidades sociales, familiares e individuales, en este punto llama la atención lo que sucede con las mujeres, especialmente las jóvenes a las cuales se les dictan normas sobre determinadas actividades que deben y pueden desarrollar y sobre las pautas de comportamiento que deben asumir. A continuación se destacan resultados de las categorías identificadas.

 

“No se podía pasar... se ponían barreras y se ponían limites"

Las víctimas más frecuentes de homicidio relacionadas con fronteras invisibles fueron personas que no aceptaron las presiones para vincularse a los grupos delincuenciales; no cedieron a exigencias económicas o apoyo logístico; o que tenían información,"sabían demasiado" acerca de las actividades delictivas de los agresores. Es así como la madre de Leidy, una joven de 17 años asesinada, relata:

Eso fue este año [2012], yo estaba lavando ropa y los mismos muchachos que se sentaban ahí [...] me obligaron a guardar unas armas. Porque hoy en día si uno les dice que no, uno se los echa de enemigos, yo dije:"¡ay!, no", y me dijeron:"no se vaya a...", bueno, me dijeron una palabra ahí y a mí me dio mucho miedo [pensé] de pronto yo no se las guardo y tengo un hijo de 24 años y de pronto lo matan. Como hoy en día si no toman represalias con uno la toman con la familia, entonces yo las guardé... y cuando ya fueron por ellas por la noche, el hijo mío me regañó... (E1MF3)

Se encontró que las fronteras se dieron entre vecinos, conocidos y parecidos, rompiendo pautas implícitas de la vecindad como el lugar para la solidaridad, la cercanía, el reconocimiento del otro como un igual, irrumpiendo como una imposición de la voluntad o del interés de"otros".

En el caso de la violencia territorial cada grupo es una amenaza para el otro, que es visto como extranjero, extraño, no hace parte del conjunto. La mamá de Yeferson, joven de 15 años así lo explica:

...había muchos combos [grupos armados] y los muchachos se fueron apoderando de los barrios, entonces eso se volvió un caos, se tomaron mejor dicho el mando, entonces no dejaban pasar a la gente, eso mataban porque sí, desplazaron gente [del barrio donde vivo a otro] entonces hubo muchos disturbios [...] públicos, con la comunidad, con la misma gente, tanto que no se atrevían a ir [a otros barrios]. No se podía pasar porque los muchachos que pasaban de un barrio a otro muerte fija, se ponían barreras y se ponían limites. (E3MM13)

Estos relatos llevan a pensar en una vida cotidiana intervenida tanto en términos de la movilidad, como de la pertenencia o no de un grupo social y del sometimiento de la voluntad de alguien que se apropia de la posibilidad de decidir sobre lo que los miembros de la comunidad hacen o dejan de hacer. Asímismo, llevan a comprender que los habitantes de estos barrios, sometidos a formas violentas como estas, están expuestos a perder su historia colectiva de barrio, puesto que la muerte o el desplazamiento de sus vecinos y sus pares sucede en cualquier momento y en medio del silencio.

 

Fronteras: expresión violenta injustificada e inexplicable

Las voces de los participantes ayudan a entender que la vida transcurre por ciclos y la muerte violenta irrumpe en la cotidianidad, rompe las rutinas y mucho más: la vida. Desencadena dolor, sensación de desesperanza en las familias, se pierde la confianza en la formación en valores, en la solidaridad barrial y en la aparente calma.

Reflexión particular merece el control hacia las mujeres que se expresa en los horarios para permanecer fuera de sus casas, el tipo de prendas que deben usar, cómo deben maquillarse o las personas con las que pueden relacionarse. En el caso de los hombres, bajo el control territorial se definen límites permitidos para circular, mujeres con las que pueden establecer relaciones afectivas y horarios para las visitas. De esta manera, se controlan comportamientos, territorios, amistades y afectos y esto para los familiares resulta incomprensible e injustificado. Al respecto, el padre de Gabriel, un joven de 19 años, trabajador y padre de dos hijos, asesinado en compañía de su primo, expresa:

El primito de mi hijo tenía una novia [en otro barrio], hacía por ahí dos años y él iba allá, hasta que un día uno de los reinsertados le dijo que no querían verlos por allá, entonces él les preguntó:"¿Por qué? Si yo no estoy viniendo a hacer nada malo, yo solamente vengo es a ver a mi novia" [y dijo:]"no, es que no queremos que ustedes vengan por aquí de esos otros barrios" [...] entonces después de eso fue como dos veces hasta el día de la muerte de ellos, entonces nos hicieron saber, [...] que había sido por [...] que iba a visitar la muchacha y a alguno de ellos le caía bien la muchacha, entonces querían que no volviera por eso. (E2PM13)

A partir de este testimonio puede afirmarse que las fronteras invisibles constituyen una expresión violenta para los participantes, quienes tienen la convicción de que las pautas morales de sus familiares eran las aceptadas socialmente; en este sentido, el homicidio es una respuesta desproporcionada frente al comportamiento del fallecido. En un contexto de control territorial, los habitantes viven una afectación de la vida cotidiana y, como parte de la sociedad civil, se sienten vulnerables y poco tenidos en cuenta ante la acción de los actores legales e ilegales, es así como la madre de Leidy señala:

...arriba donde yo vivo [en] los últimos días a mí me tocó mucha violencia, porque imagínese, ahí en la acerita de mi casa se sentaban con las armas listas pendientes de los del otro combo [grupo] y nosotros estábamos encerrados en la casa, con mis dos niños y un domingo cualquiera, estaba yo viendo las noticias del medio día, cuando sentí un estruendo muy horrible y fue que se subieron encima de mi casa y ahí estaba la policía y los muchachos del combo y me tumbaron todo el techo de la casa. (E1MF3)

Según los participantes en las entrevistas, a través de las fronteras se reclutan y controlan personas como si fuesen objetos de su propiedad, se consolidan estrategias para el recaudo ilegal de recursos económicos y la regulación sobre las actividades culturales y sociales de los habitantes, especialmente de las mujeres jóvenes, todo lo cual repercute en la dinámica del barrio y en los imaginarios sociales.

Más allá de una racionalidad violenta, las fronteras se han encarnado en dinámicas sociales comunitarias. Son explicadas por múltiples intereses: económicos (mezcla de prácticas legales e ilegales en un contexto de microempresarismo alternativo: control de ventas barriales, del negocio de estupefacientes y armas, de los productos o mercancías para consumo básico); de seguridad (necesidad de blindar la zona); estratégicos (consolidación del líder o patrón); o por necesidad de reconocimiento (pertenecer a alguien o a un grupo: este proceso se inicia en la infancia y en el argot de los actores armados se denomina ser"cachorro del jefe").

La hermana de Héctor, trabajador de 43 años se refiere así al control de ventas barriales:

...según lo que nos contaron a nosotros, Héctor tenía ya su clientela a quien iba a repartirle la leche, y al pasarse para la otra [empresa], las personas que lo conocían ya en los barrios... le pidieron que les siguiera llevando la leche, no importaba que fuera de la otra marca. Entonces él continuó llevándola... y, lo que nos contaron a nosotros es que [lo mataron] porque le había quitado la ruta a otro. (E6HM7)

Los relatos de los participantes ayudan a comprender que las fronteras constituyen realidades móviles, que traen consigo el desplazamiento interno, la deserción escolar, el miedo. Frente a ello, las respuestas sociales organizadas permiten diferenciar, por un lado, las políticas de seguridad más centradas en la presencia de la fuerza pública y el fortalecimiento de medidas punitivas, lo que acrecienta el temor y refina las estrategias de la violencia; y, por otro lado, las respuestas comunitarias que reclaman la presencia del Estado, no solo visto como agente de control, sino como garante de una mejora en las condiciones de vida.

Una posible explicación de este viraje en la vida social de la ciudad es la influencia significativa en el modelo social dominante del"problema narco", caracterizado por la necesidad de poseer bienes, mujeres bonitas, territorios, armas y dinero rápido, de la que emergen"nuevas" estrategias delincuenciales relacionadas con el control territorial para la obtención de recursos económicos y es, precisamente, el tránsito del tráfico mayor al microtráfico, un estímulo a la generación de espacios marcados por el comercio al menudeo de estupefacientes que buscan mantener e intensificar el conflicto.

 

DISCUSIÓN

Hacer visible la perspectiva de los familiares de las víctimas presenta una nueva dimensión de la realidad, más allá de la que pueda derivarse de la investigación de las víctimas y los victimarios, en tanto se ubican en una condición de puente entre los hechos violentos y la comunidad impactada por estos.

Los hallazgos de este trabajo coinciden con lo reportado por otros investigadores sociales (17-19), acerca del carácter estructural y coyuntural de la violencia homicida como resultado de las fronteras invisibles, las cuales se hacen más evidentes en sectores cuyas condiciones de vida son deficitarias en términos de calidad del equipamiento urbano, de posibilidades casi inexistentes de participación en las decisiones políticas, de alta densidad poblacional y de carencias laborales. Se genera de este modo un juego de representaciones múltiples que tiene a la violencia -convertida en discurso social- como el elemento unificador. En lugar de ser el caos, la violencia está pasando a ser el orden, a crear y dar existencia a los sujetos y a determinar las relaciones sociales (20).

El debilitamiento de los vínculos sociales propicia una forma de guerra que no desaparece, sino que se enmascara. Son las guerras permanentes en las zonas marrones (12) donde el Estado existe de manera precaria y funcionan otras reglas, paisaje cotidiano de las grandes metropolis y del doble rasero con el que se mide la vida en el centro y la periferia. En esos"no lugares" funcionan otras reglas, donde los escombros del Estado comparten autoridad con mafias, carteles de la droga, paramilitares, bandas, maras, pandillas y también depredadores solitarios. Las zonas marrones son la expresión del desarraigo social construido por el sistema capitalista, exacerbado por la utopía del capital que conocemos como globalización neoliberal (12).

Las fronteras invisibles como delimitación de las empresas de seguridad coinciden con lo propuesto por Bedoya (21) pues desde los últimos 30 años la prestación de la seguridad pública en Medellín ha sido progresivamente controlada por grupos armados no legales, quienes lograron convertir la extorsión violenta de sus clientes en un pago de tributo estable y no siempre forzado. En este sentido, el control territorial se ejerce como"protección violenta" adoptada inicialmente como una nueva y productiva fuente de generación de riqueza para ciertos grupos mafiosos en Medellín convirtiéndose en una de las características que ha tomado no solo la guerra y la protección de la industria de narcóticos, sino también el control de los mercados a pequeña escala, los juegos de azar y la distribución de productos de consumo, así como la protección a las personas y los colectivos.

En la base de la interpretación sobre lo citadino, lo urbano, está el espacio público, un lugar para el encuentro e intercambio, para fortalecer la participación y para construir asuntos comunitarios (22). Cuando, como sucede en Medellín, algunas plazas, calles y parques son espacios que se obstaculizan de manera permanente o temporal y limitan la libre circulación, la asistencia al trabajo o a la escuela y el disfrute del ocio, se precariza la ciudad en lo ambiental, en lo socio-urbanístico y, muy especialmente, en lo sociopolítico, pues se viola el ejercicio del derecho ciudadano, el derecho a la ciudad, como construcción histórica y social. Y es en este contexto de precaria seguridad humana que los habitantes de los barrios populares de la ciudad están expuestos a perder su historia colectiva de barrio como una forma consistente de construir un referente de identidad barrial y ciudadana.

Las fronteras invisibles ocultan la configuración de nuevas formas de relación en las comunidades, forzadas por micropoderes cultivados en la ilegalidad y que penetran la vida cotidiana y substituyen las formas de relación que se generaron en el proceso de construcción y en los procesos de poblamiento. Por su parte, las comunidades se desarticulan o se movilizan y construyen estrategias distintas en medio del dolor y la incertidumbre, tejiendo respuestas a la cotidianidad de la guerra y a la impunidad de un Estado que se mueve en torno a hechos inocultables o al silencio que se impone sobre la mayoría de las víctimas.

Finalmente, como forma de control social, estas fronteras llamadas invisibles requieren nombrarse y develar el carácter violento en los territorios y su imposición ilegal, en el que resultan involucrados actores armados y pobladores de la ciudad. Estas fronteras son una demostración más de que las estructuras criminales se mantienen y recrean, pese al comportamiento inestable de la violencia en la ciudad y a diferentes estrategias implementadas por las instituciones (23).

 

NOTAS FINALES

a. Medellín es la segunda ciudad del país con el mayor número de personas víctimas del conflicto armado, y la primera en Antioquia. El número estimado de víctimas asentadas en la ciudad en 2011 fue aproximadamente de 250 mil, el 89,7% de ellas, desplazadas por la violencia (6).

 

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores del presente manuscrito manifestamos que no existe conflicto de interés de tipo personal, comercial, académico, político o financiero. También declaramos que todo apoyo financiero y material recibido para el desarrollo de la investigación o el trabajo que resultó en la preparación del manuscrito está claramente detallado en el texto.

 

AGRADECIMIENTOS

Al Comité para el Desarrollo de la Investigación (CODI), Universidad de Antioquia, por la financiación para la realización de la investigación"Reconfiguración de escenarios de homicidio y su relación con el desarrollo: Medellín, período 2003-2009", código institucional de aprobación CODI-2512.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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