CARTAS AL EDITOR

 

Estilo de vida saludable y sedentarismo en investigación epidemiológica: cuestiones a ser discutidas

 

 

Señor editor: el análisis detallado del ensayo de Miguel Vicente Pedraz1 publicado recientemente nos ofrece una perspectiva impar para ampliar el debate en torno al estilo de vida saludable, tema que viene siendo abordado en producciones científicas en el campo de la salud pública en los últimos años. Asociado al sedentarismo ha aparecido como un argumento imperativo de culpabilidad en términos de la desobediencia a normas de prevención por parte de las personas, convirtiéndose en una especie de símbolo persecutorio2 que se autojustifica en la envergadura de tantos otros graves problemas de la salud de la población.

Nos interesa aquí extender el diálogo con el autor sobre dimensiones moralizadoras3 de la excesiva responsabilidad individual de comportamientos cotidianos, tomados como insalubres o de riesgo, aprobados a partir de interpretaciones de orden epidemiológico y mostrados por los medios de comunicación de masa.4 Pero, sobre todo, es crucial registrar que esas concepciones preocupantes, signatarias de persuasivos discursos híbridos entre ciencia y medios de comunicación que emergen en una era marcada por incertidumbres y desigualdades sociales crecientes, han orientado hegemónicamente formas de pensar e intervenir sobre el proceso salud/enfermedad/cuidado.

Suponiendo que el combate al sedentarismo sea realmente un objetivo plausible para las preocupaciones en la salud pública, ¿cómo hacerlo sin estigmatizar a las personas clasificadas como sedentarias?

La demonización del sedentarismo (y en consecuencia de todos aquellos a quienes les cabe dicha categoría) ha poblado cierta dimensión discursiva en investigaciones epidemiológicas impulsada por atribuciones estadísticas que, según Williams,5 han fallado al intento de validar correlatividades (indirectas) con la incidencia de las enfermedades crónico-degenerativas. Sustentadas en esa contabilización probabilística (futura) cuestionable, la argumentación menciona gastos inaceptables para las arcas públicas, que podrían ser evitados –según esa visión– en caso de que se adoptaran o modificaran determinados comportamientos.4 Existe un claro intento de establecer un convencimiento retórico por medios de inferencias causales sujetas a una lógica económica que, curiosamente, sobrepone y antecede las propias preocupaciones sanitarias.

Otro efecto adverso derivado del énfasis al binomio sedentarismo/estilo de vida saludable se hace presente en las distorsiones de los valores y significados culturales de las prácticas contemporáneas de cuidado con el cuerpo y la salud –incluyendo el deporte y las actividades físicas lúdicas–. Sin tener en consideración todo su patrimonio histórico de unión social, viene ocupando el imaginario de nuestras colectividades contaminados por una perspectiva impositiva, medicalizada. Bajo este punto de vista, parece apenas solicitar la contabilidad de gastos calóricos para evitar riesgos y daños, en detrimento de la valorización del carácter intrínseco del placer y la satisfacción personal sin obligatoriedad.

Además, cabe indagar si la categoría sedentario se aplicaría, por ejemplo, a los operarios de la construcción civil cuyas jornadas diarias son largas y arduas y, frecuentemente desprovistas de horas de recreación (por falta de condiciones financieras y/o por el cansancio físico proveniente del trabajo arduo); o a los trabajadores rurales de las cosechas de cañas de azúcar en Brasil, que han muerto por exceso de actividad física laboral6 a cambio de remuneraciones irrisorias (y de los cuales poco se ve tratado en los medios de comunicación). Según este enfoque socioeconómico, la clasificación se vuelve desprovista de propósito tanto como la fomentación de los cambios de comportamiento (estilo de vida) inferida a partir de las investigaciones epidemiológicas que defienden la relevancia del supuesto problema.

Una crítica común al concepto de estilo de vida está referida a su empleo en contexto de miseria y aplicado a grupos sociales donde los márgenes de elección prácticamente no existen. Muchas personas no eligen estilos para llevar sus vidas. No hay opciones disponibles. En verdad, en estas circunstancias, lo que existe son estrategias de supervivencia.7

Los argumentos arrojados en estudios sobre el sedentarismo ponen de manifiesto un cierto estilo de pensamiento8 y una elección ética de la verdad1 que implica, de forma axiomática, aceptar o no la relevancia de ese tipo de categorización. En caso de estar incorporado en investigaciones sobre mapeamientos de riesgos a la salud, queda integrada la elevación de su grado de importancia en relación con otras cuestiones a ser consideradas. Conforme apunta Robertson,9 la orientación conceptual de cualquier investigación científica perfila una determinada concepción de ser humano, de sociedad que se desea y los modos de alcanzarla.

Esa disminución epistemológica y ontológica, de cierto modo, ya viene siendo criticada por analistas del campo en relación con que la epidemiología moderna está distanciándose progresivamente de las preocupaciones colectivas de su origen histórico al demostrar inclinación intencional por otros objetos investigativos.10

Es necesario considerar relativo el énfasis exagerado sobre el papel de la responsabilidad individual en búsqueda de la autonomía de los sujetos y de su salud, considerando la inmovilidad o la lentitud en los cambios macroestructurales de las políticas públicas en pos de superar desigualdades sociales, que deberían, desde el punto de vista ético y moral, tener mayor espacio de contribución en dicho proceso.

 

Marcos Bagrichevsky, PhD.
Adriana Estevão, PhD.
Departamento de Ciencias de la Salud
Universidad Estatal de Santa Cruz, Ilhéus, Brasil

Paulo Roberto Vasconcellos-Silva, PhD.
Facultad de Medicina.
Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro,
Río de Janeiro, Brasil

Luis David Castiel, PhD.
Escuela Nacional de Salud Pública.
Fundación Oswaldo Cruz, Río de Janeiro, Brasil

Correo electrónico:
marcos_bagrichevsky@yahoo.com.br

 

Referencias

1. Vicente Pedraz M. La construcción de una ética médico-deportiva de sujeción: el cuerpo preso de la vida saludable. Salud Publica Mex 2007;49(1):71-78.        

2. Castiel LD, Álvarez-Dardet C. La salud persecutoria. Rev Saude Publica 2007;41(3): 461-466.        

3. Buchanan D. Moral reasoning as a model for health promotion. Soc Sci Med 2006;63: 2715-2726.        

4. Tulloch J, Lupton D. Risk and everyday life. London: Sage, 2003.        

5. Williams PT. The illusion of improved physical fitness and reduced mortality. Med Sci Sports Exerc 2003;35(5):736-740        

6. Silva MAM. Nuevas migraciones y empleo rural en América Latina. Disponible en: http://www.alasru.org.        

7. Castiel LD. Quem vive mais, morre menos? Estilos de risco e promoção de saúde. In: Bagrichevsky M, Palma A, Estevão A, eds. A saúde em debate na educação física. Blumenau: Edibes, 2003:79-97.        

8. Lupton D. Risk. London: Sage, 1999.        

9. Robertson A. Biotechnology, political rationality and discourses on health. Health 2001;5(3):293-309.        

10. Breilh J. La sociedad, el debate de la modernidad y la nueva epidemiología. Rev Bras Epidemiol 1998;1(3):207-233.        

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