Instantáneas

 

El embarazo en la adolescente precoz

 

 

La población mundial de adolescentes ha ascendido a más de 1 000 millones y en los países en desarrollo una de cada cuatro personas está en la adolescencia, a diferencia de una de cada siete en los países desarrollados. El embarazo a edades cada vez más tempranas se está convirtiendo en un problema social y de salud pública de alcance mundial. Afecta a todos los estratos sociales, pero predomina en las clases de bajo nivel socioeconómico, en parte debido a la falta de educación sexual y al desconocimiento de los métodos de control de la natalidad. En un estudio reciente en Venezuela se compararon la morbilidad y la mortalidad materna y perinatal de 284 adolescentes de 10 a 14 años de edad con las de un número igual de controles de 20 a 24 años. Se analizaron el estado civil, control prenatal, número de gestaciones, terminación del embarazo, tipo de parto, duración del trabajo de parto, complicaciones durante el embarazo, parto y puerperio, y permanencia en el hospital de las madres, así como el peso, talla, sexo, Apgar y morbilidad y mortalidad de los recién nacidos.

En relación con la edad se encontró que 229 de las adolescentes tenían 14 años, 41 tenían 13, nueve tenían 12, dos tenían 11 y tres de ellas, 10 años. Como era de esperar, la gran mayoría de ellas (94%) eran solteras. Entre los controles, la edad se distribuyó más uniformemente, con 77 de 24 años, 56 de 20 y el resto entre esos dos extremos. Eran solteras 70,4%. Hubo una diferencia significativa en el número de gestaciones, ya que 97,2% de las adolescentes eran primigestas (en ocho pacientes fue el segundo o tercer embarazo), comparadas con 58,5% de las controles. También se dio un porcentaje mayor de embarazos menores de 22 semanas en las adolescentes que en las jóvenes adultas y el número de abortos (20%) casi duplicó al del grupo control (11,3%). De las tres pacientes de 10 años de edad dos abortaron, de las dos de 11 años abortó una y de las nueve de 12 años abortaron tres. Por desproporción cefalopélvica, se practicó cesárea en 51,4% del grupo de adolescentes contra 37% del grupo control. Sin embargo, la duración del trabajo de parto fue similar (entre 3 y 15 horas) en ambos grupos, con un promedio aproximado de 8 horas en adolescentes y controles. El análisis estadístico mostró diferencias significativas en el mayor número de complicaciones del embarazo de las adolescentes, especialmente en cuanto a anemia, hipertensión inducida por el embarazo e infección urinaria. Otras complicaciones frecuentes, pero no estadísticamente significativas, en las adolescentes fueron el parto prematuro, el desprendimiento prematuro de la placenta, los desgarros, el sufrimiento fetal y la distocia de rotación. También fue mayor en las adolescentes la morbilidad puerperal, que incluyó abscesos de pared y endometritis.

En el grupo de adolescentes hubo 227 partos y 228 recién nacidos y en el grupo control, 252 partos y 253 recién nacidos (en ambos casos por un embarazo gemelar). La puntuación de Apgar fue < 3 en 3,1% de los bebés de las adolescentes frente a 1,19% de los de las controles; de 4 a 6 puntos en 8,8% de los hijos de las adolescentes y en 5,53% de los de las controles, y > 7 en 88,2% de los hijos de las adolescentes y en 93,28% de los de las controles. Del grupo de adolescentes, 16,6% tuvo niños de bajo peso en comparación con 7% del grupo control. Hubo una diferencia significativa entre la frecuencia de niños de bajo peso y de niños con un peso de 3500 gramos o más, así como diferencias entre los pesos promedio, que fueron 2930 ± 539,66 g en los niños de adolescentes y 3046 ± 531,75 g en los de las controles. La talla de los recién nacidos fue similar en ambos grupos, pero la morbilidad perinatal mostró diferencias: fueron prematuros 8,7% y 5,9% de los hijos de las adolescentes y de las controles, y mostraron retraso del crecimiento intrauterino 7,9% de los hijos de las adolescentes y 1,2% de los de las controles, respectivamente. Además, hubo más intervenciones obstétricas (cesáreas y uso de fórceps) en las adolescentes.

Los resultados de este estudio indican que el embarazo en adolescentes de 14 años y menores es de alto riesgo porque suelen acompañarlo la primiparidad, una situación socioeconómica desfavorable que conduce a la desnutrición y la anemia, un desarrollo insuficiente, falta de control prenatal y viviendas inadecuadas, donde a menudo hay hacinamiento, promiscuidad y a veces incesto. Muchas repiten el patrón de sus madres solteras que también dieron a luz siendo adolescentes. Muy pocas han recibido educación sexual adecuada y algunas empiezan muy temprano a consumir tabaco, alcohol y drogas, que ponen en peligro su salud y la del feto. Pocas acuden a control prenatal (60% del grupo de adolescentes no lo tuvo) y su inmadurez física causa problemas de salud que no se resuelven durante el embarazo.

Para reducir el problema, la autora recomienda dar atención médica integral; educar a padres, maestros y adolescentes; capacitar a los educadores para que organicen programas de educación sexual, y crear centros con programas especiales para adolescentes. La atención obstétrica de estas jóvenes madres requiere trabajo médico en equipos que incluyan psicólogos y trabajadores sociales para fomentar en la adolescente una conducta sexual responsable y dar atención oportuna a los aspectos físicos, emocionales y sociales que forman la personalidad. (Uzcátegui O. Embarazo en la adolescente precoz. Rev Obstet Ginecol Venez 1997;57:29­35.)

Organización Panamericana de la Salud Washington - Washington - United States