INSTANTÁNEAS

 

La situación actual de la malaria

 

 

A pesar de que ha pasado más de un siglo desde que se descubrieron las causas del paludismo, todavía no se cuenta con una cura contra la certera picada de la anofeles hembra cuando llega repleta de esporozoitos de plasmodios y, mientras se alimenta de sangre para nutrir sus huevos, inyecta los parásitos, que se apresuran a alojarse en los hepatocitos de la víctima. La malaria hoy día afecta al mayor número de personas jamás conocido en la historia y es endémica en 106 países. Amenaza a media humanidad y su increíble adaptabilidad le ha mantenido con nosotros desde el principio de nuestra vida en la tierra. Es posible que los dinosaurios tuvieran malaria, pues se sabe que afecta a los pájaros, puercoespines, monos, serpientes y ardillas voladoras, entre otras especies. Las momias egipcias muestran signos de paludismo, Hipócrates documentó las etapas de la enfermedad y es posible que esta enviara al otro mundo a Alejandro el Grande.

Según datos de la OMS, uno de los peores focos del mundo existe en Zambia, donde a diario mueren cerca de 3 000 niños, uno cada 30 segundos. En algunas provincias, más de una tercera parte de los menores de 5 años tienen la enfermedad. En la India y Sri Lanka, después de los monzones, el agua tarda en drenar mientras quedan millares de charquitos ideales para la cría de mosquitos. En la región amazónica del Perú a lo largo de la nueva carretera Iquitos-Nauta, en lo que había sido selva virgen intacta, hay ahora criaderos de peces, los árboles se cortan para hacer carbón y cada vez hay más enfermos de paludismo. La falta de los árboles permite que la luz solar caliente los charcos transformándolos en criaderos de mosquitos. En menos de 10 años, los casos de malaria en el Perú han aumentado de cientos a más de 120 000 al año.

En realidad, el paludismo estuvo a punto de desaparecer. Las naciones desarrolladas consiguieron desembarazarse de la enfermedad, de modo que mucha gente tiene la falsa impresión de que es un problema resuelto, como la viruela o la poliomielitis. El primer remedio conocido fue la quinina, en Ecuador y lo que es hoy Perú. Dos siglos más tarde, ese árbol se estableció en India, Sri Lanka y Java, pero no era un remedio ideal, pues causaba sordera. En el decenio de 1940, se creó una maravillosa medicina sintética: la cloroquina. Casi al mismo tiempo se inventó el DDT y con esas dos armas la OMS inició una gran lucha contra la malaria. En 1946 se crearon los Centros para el Control de Enfermedades específicamente para combatir el paludismo. Para 1950, la transmisión de la malaria se había interrumpido en los Estados Unidos, gran parte del Caribe, Taiwán y los países balcánicos. En Sri Lanka, donde había 2,8 millones de enfermos de malaria en 1946, en 1963 quedaban 17. En la India pasaron de 800 000 al año a casi cero. Pero, la campaña era cara y su apoyo se abandonó en 1969. La malaria recrudeció.

En 2007 morirán por esa causa al menos un millón de personas, más del doble que hace una generación. El paludismo es una plaga de los pobres, que contribuye a la pobreza del país, lo que también contribuye a que se pase por alto. En los últimos años, la OMS ha insistido en que la reducción de esta enfermedad sea una prioridad mundial. Se han donado y prometido miles de millones de dólares para combatirla y los fondos con que se contaba se han duplicado desde el 2003 en adelante. Se está tratando de combinar cuanta técnica antipalúdica se conoce: remedios chinos a base de hierbas, mosquiteros tratados con insecticidas y "cocteles" ultramodernos de múltiples drogas. Al mismo tiempo, hay varios grupos estudiando la posibilidad de una vacuna.

De las cuatro especies de parásitos maláricos que infectan al hombre, la más virulenta es Plasmodium falciparum, responsable anualmente de cerca de la mitad de los casos mundiales y de 95% de las muertes. Es la única forma de malaria que afecta al cerebro y, tan fulminante y temida, que un joven puede estar jugando fútbol por la mañana y morir por la noche. Sobre todo, puede que haya afectado a los enormes números de niños que la han tenido. En 2005, una encuesta reveló que por cada 1 000 menores de 5 años en el noroeste de Zambia había 1 353 casos de malaria. No se trata de un error matemático (mayor de 100%), sino de que muchos niños se infectan repetidas veces. Hoy día un gran problema es la resistencia del plasmodio a los medicamentos, pues evoluciona con tanta rapidez. Por el momento en Zambia se ha conseguido generalizar el uso de mosquiteros, lo que ha reducido un poco el número de muertes. (Finkel M. Bedlam in the blood: malaria. National Geographic. 2007; 212(1):32–67.)

Organización Panamericana de la Salud Washington - Washington - United States
E-mail: contacto_rpsp@paho.org